Posts etiquetados ‘Spinoza’

«El temor supersticioso al rayo, ante el que no hay protección, está ampliamente difundido. Los mongoles, dice el monje franciscano Rubruk, que llegó hasta ellos como enviado de San Luis, temen sobre todo al trueno y al rayo. Durante el temporal expulsan de sus yurtas a todos los extranjeros, se envuelven ellos mismos en fieltros negros y se esconden allí hasta que todo haya pasado. Se abstienen (informa el historiador persa Rashid, que estaba a sus servicios) de comer la carne de un animal alcanzado por el rayo, y ni siquiera osan acercársele. Entre los mongoles todo tipo de prohibiciones sirven para obtener el favor del rayo. Ha de evitarse todo lo que pueda atraerlo. El rayo es a menudo el arma principal del dios más poderoso».

Elías Canetti. Masa y poder.

«Pero al pretender mostrar que la naturaleza no hace nada en vano (esto es: no hace nada que no sea útil a los hombres) no han mostrado —parece— otra cosa sino que la naturaleza y los dioses deliran lo mismo que los hombres. […] la naturaleza no tiene fin alguno prefijado, y que todas las causas finales son, sencillamente, ficciones humanas […]».

Baruch Spinoza. Ética demostrada según el orden geométrico.

«[…] los hombres se guían más por el ciego deseo que por la razón […] la naturaleza no está encerrada dentro de las leyes de la razón humana, que tan sólo buscan la verdadera utilidad y la conservación de los hombres, sino que se rige por infinitas otras, que se orientan al orden eterno de toda la naturaleza, de la que el hombre es una partícula […]».

Baruch Spinoza. Tratado político.

«Under the pen of Thucydides, the heroic legend thus becomes history, and the very name of the Aegean Sea carries within it the aetiological relationship between the colonial and economic power of Minos over the islands of which the center is Delos and the enthroning of Theseus in Athens as a democratic king following his father’s suicide. Foreshadowed in an early era by Minos’ civilizing activities in the former Cretan Sea, the taking of political and economic control by Athens in the Aegean Sea would be consecrated by the creation of the Delian League just after the Persian Wars, with Delian Apollo’s sanctuary serving as its cultic and administrative center […]».

Claude Calame. “Greek Myth and Greek Religion” en The Cambridge companion to Greek Mythology.

«La filosofía griega en su conjunto tiene un marco mítico. […] El mito no es algo de lo que el hombre se pueda liberar radicalmente, como si tal cosa. […] En nuestros días, se suele calificar como mitos a ciertas representaciones y motivos del pensamiento común, operativos pero acríticamente aceptados, constituidos con fines ideológicos o que irreflexivamente descansan sobre fundamentos ideológicos. En el sentido profundo y radical del término, el mito es otra cosa.

Tal y como yo lo entiendo, el mito es algo sin lo cual el hombre difícilmente podría vivir. No por motivos externos, como en el caso de la ideología, en el que el hombre plantea en cierto modo exigencias ante la realidad. El hombre no puede vivir sin el mito porque el mito es verdadero».

Jan Patočka. Platón y Europa.

«Por un lado, Platón presenta el mito en una clara oposición al logos. Por otro, no se debe ignorar que, aparte de la claridad de la oposición semántica, Platón difumina conscientemente en algunos casos la frontera entre el mito y el logos».

Thomas Szlezák. Leer a Platón.

«Spinoza, en cambio [a diferencia de Hobbes], concibe a los individuos como representantes, desde el punto de vista humano, de la articulación del orden eterno en una jerarquía de partes y todos. Por tanto, puede aceptar las diferencias naturales (y no las convencionales) en los hombres como políticamente fundamentales. El carácter inexpugnable de estas diferencias naturales impondrá siempre una variedad de tipos y funciones entre los hombres en sociedad, y por tanto, de opiniones que no pueden ser destruidas en la unidad del poder gobernante, salvo al precio de destruir el propio orden social. Por consiguiente, Spinoza es un defensor de la democracia en que, por el bien de la filosofía (que salvaguarda los intereses de todos) debe permitirse la libertad de expresión para reflejar y satisfacer las diferencias naturales que hay en los hombres. En la medida en que la democracia es la encarnación de la enseñanza filosófica adecuada, regulará las opiniones de los hombres por medio de instituciones religiosas, sociales y políticas, pero no insistirá en una uniformidad de opinión.

[…]

Pero, para conservar la filosofía, el filósofo debe apoyar la democracia (que es en realidad la manifestación de su enseñanza política). De otro modo, cuando la opinión es tiranizada, la filosofía queda destruida por el dogma y la superstición. A la inversa, para conservar la democracia, debe apoyar la libertad de la filosofía. Los intereses de la filosofía y de la democracia coinciden, cuando unos y otros son debidamente definidos».

Stanley Rosen, “Baruch de Spinoza”, en Historia de la filosofía política.

«La convicción de que el hombre era el producto necesario de las fuerzas universales de la naturaleza enseñó a Lincoln la indulgencia y la tolerancia hacia los otros, de modo que no tuvo “malevolencia hacia nadie, sino caridad con todos”; a pesar de las amargas experiencias de su vida privada y política. Pero esta actitud fatalista se fusionaba en él, como en Spinoza, con un profundo respeto por el valor natural y la dignidad del hombre, y el inalienable derecho de cada persona a ser su propio amo. El éxito de Lincoln en emancipar a los esclavos de América fue uno de los actos creativos supremos de la historia, y alteró lo que parecía ser un inevitable destino para millones de personas. En este sentido, llevó a la práctica de la vida social aquellos principios sobre los que Spinoza había fundado su Ética».

«En muchos aspectos Spinoza representa una cruda e insensible visión del universo, en la que se fuerza al individuo a confrontar su soledad con la inmensidad inimaginable del espacio vacío. La disposición a concebir la situación humana sin apelar a la consolación metafísica, pero sin tampoco desesperar, representa un nuevo tipo de valor que Spinoza llama fortitudo o fortaleza del ánimo -algo que tiempo después, Nietzsche llamó “probidad intelectual”. Si esta probidad se funda sobre los bancos de arena de su propio racionalismo, como mantuvo Jacobi y luego Strauss, esto no resuelve el problema moral y político. Por encima de todo, la fortitudo es la virtud del hombre libre, alguien que entiende el contexto causal de su situación y que usa este conocimiento para actuar decididamente y con responsabilidad. Y Spinoza recalca la cualidad interna de esta virtud: no depende del reconocimiento o de la buena opinión de otros, sino que deriva de la buena opinión que tenemos de nosotros mismos. Bien entendida, esta virtud podría llamarse autoestima: la virtud primera del nuevo individuo democrático».

Steven B. Smith. Spinoza y el libro de la vida. Libertad y Redención en la Ética.