Posts etiquetados ‘reduccionismo’

Supongamos por un momento que podemos construir un duplicado físico perfecto de un determinado fragmento de nuestro universo. Por ejemplo, una copia idéntica de nuestro planeta Tierra (con todo lo que contiene, incluyendo a los humanos) o de nuestro sistema solar. Se trataría de un reflejo total, partícula elemental por partícula elemental, de su referencia. Como hablamos de un experimento mental, nuestra copia comparte con el original el mismo lugar espacio-temporal, algo imposible en el mundo real. Es de imaginar, por tanto, que la copia tendrá exactamente las mismas propiedades (ni una más, ni una menos) que el original. Y no hablamos sólo de propiedades físicas, sino de todas: las biológicas, las sociológicas, las políticas y las económicas. Y eso se debe a que todas las propiedades se reducen o supervienen de las propiedades físicas. Dicho en pocas palabras: the physical facts fix all the facts. O como decía David Lewis:  “El mundo es lo que la física dice que es, y no hay nada más que decir. La historia del mundo escrita en el lenguaje de la física es toda la historia del mundo”.

Esta es la tesis del filósofo de la ciencia Alexander Rosenberg (por supuesto, no la inventó él) y así desarrolla el ejemplo en esta entrevista. Si empezamos a atomizar “grandes sistemas”, como una sociedad política, al final nos encontraremos con lo más fundamental que conocemos, los bosones, los fermiones y las entidades de la física. Según Rosenberg, la mecánica cuántica y la física de partículas contemporánea representan lo más certero y probablemente real que conocemos. Su precisión en las predicciones es insuperable, como ya mencionaba el propio Richard Feynman. Desde ese punto de vista reduccionista, podemos estar muy seguros de que existen los bosones y los fermiones que forman todo lo existente y mucho menos seguros del resto. Conforme vayamos “ascendiendo de nivel”, habrá más ilusiones. Por eso Rosenberg cree que conceptos como el libre albedrío, el yo, o los hechos morales no existen intrínsecamente. La ciencia justamente los desmontaría y chocaría frontalmente con nuestras autoexplicaciones intuitivas, cotidianas. Tampoco el cosmos tendría ningún tipo de sentido ni propósito. Sólo hay un montón de partículas y, como heurística, algunos hechos científicos importantes como la selección natural o los descubrimientos de la neurociencia.

Por supuesto, el reduccionismo total de Rosenberg va a contracorriente a la mayoría de las posturas filosóficas de los científicos y los filósofos actuales. Este fisicalismo no es más que una actualización del que ya sostuvieron algunos empiristas lógicos hace décadas y ha recibido numerosas críticas. Es lógico que, por emplear una analogía informática, los píxeles de la foto de lo real son partículas fundamentales. Pero derivar desde ahí que todo en la foto es en cierto modo ilusorio creo que es un criterio demasiado restringido. Por otro lado, cuando se le pregunta a Rosenberg por qué tantas teorías biológicas no se han reducido a la física (o las económicas a la biología), siempre responde que aunque ahora no se ha podido, en el futuro sí se podrá (como se resolvió la paradoja de Zenón del movimiento con herramientas matemáticas y físicas más adelante). Eso significaría una disolución de todas las ciencias en la física y, por tanto, una unificación de la ciencia. Pero ese “se podrá” creo que tiene un fallo. ¿Y si no se puede? ¿Y si conviene una diferencia metodológica con fines explicativos? Rosenberg ya reconoce la utilidad de la teoría de la evolución en biología. ¿Por qué no podría extenderse ese criterio a otras ciencias útiles explicativamente hablando? Aunque creo que la postura reduccionista de Rosenberg es interesante, en general otros de sus postulados -me parece- se justifican menos.

Esta entrada participa en la XXXIV Edición del Carnaval de la Física, organizada por Hablando de Ciencia.

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«Da la sensación de que las personas están menos preocupadas por los intentos para reducir la química a la física, que por aquellos que tratan de reducir el comportamiento humano a la biología. Éste es un punto de vista que es frecuente, en particular, en las ciencias sociales y que tiene su origen en la afirmación de Durkheim de que la conducta humana sólo puede ser explicada en términos de la conducta humana. En parte, esto parece ser el resultado del temor atávico a que, si admitimos que nuestro comportamiento tiene raíces biológicas, perdamos de alguna manera nuestra independencia, nuestra libre voluntad. Es una afirmación extraña porque pasa por alto el hecho de que la mayor parte de los fenómenos del mundo real pueden (y tienen que) ser explicados a diferentes niveles. Es cierto que las acciones humanas son el producto de los procesos de pensamiento de los seres humanos y que todos ellos se dan en términos de cultura. Pero también son el producto de cerebros y, nos guste o no, los cerebros son entidades biológicas que se rigen por principios químicos. Sea cual sea la explicación que podemos ofrecer del comportamiento humano en términos de los fenómenos sociales, puede ser armonizada con un conjunto de explicaciones al nivel de la actividad neuronal. Esto equivale justo a decir que podemos ofrecer dos tipos diferentes de explicaciones relativas a cómo funcionan los ordenadores, una en términos del software (los programas) y otra en términos del hardware (los chips de silicio y las corrientes eléctricas que circulan a través de los mecanismos del sistema).  Decir que una es mejor que la otra equivale a no entender que son dos tipos diferentes de explicación».

Robin Dunbar. El miedo a la ciencia.

Cuando un visitante contempla la catedral de León puede quedar realmente asombrado por su elegante diseño. Quizá, incluso, hasta llegaría a plantearse por qué ese edificio está configurado de esa manera concreta y no de cualquier otra: podría estar pintado de azul, tener diez naves en lugar de tres o un mosaico gigante de estilo bizantino en lugar del rosetón principal del pórtico central. Desde luego, es una pregunta de lo más interesante cuya respuesta consistiría en una explicación del arte gótico —el estilo en el que se enmarca el edificio—, del que son típicas estructuras arquitectónicas como los arcos ojivales, las bóvedas de crucería o las enormes vidrieras por las que penetra abundante luz. A su vez, la arquitectura gótica requiere de conceptos como Medievo, cristianismo, burguesía y cultura urbana para ser comprendida. Y así sucesivamente. Este tipo de apelación a causas culturales, religiosas o sociales lo llama el físico teórico David Deutsch explicación de alto nivel. Pero, ¿hay otras posibles explicaciones de por qué fue construida la catedral de León en el siglo XIII justamente así?

Sí, están las hipotéticas explicaciones de nivel inferior o reduccionistas. Si el edificio, como sabemos por la física contemporánea, es una entidad natural compuesta de átomos y éstos siguen las leyes físicas conocidas, ¿no cabe la posibilidad de explicar su existencia como el resultado final de un intrincadísimo movimiento de partículas y moléculas que hoy un día no podemos computar? Así pues, en un futuro próximo o lejano acaso sería posible que diseñemos una especie de super-ordenador (una versión contemporánea del antiguo demonio de Laplace) que sea capaz de, a partir de un estado inicial del universo, determinar y mostrarnos un informe de datos con las trayectorias, los choques y todas las vicisitudes de las partículas del mundo relacionadas con lo que llamamos Edad Media, arte gótico y catedral de León. Muy bien, ¿y entonces qué? Aunque daríamos cuenta con una precisión muy alta de por qué los átomos de la catedral están allí y estructurados de aquella forma específica, no lograríamos explicar nada útil si prescindimos de los conceptos de alto nivel que mencionamos anteriormente. De nada nos sirve mencionar como causa a un conjunto aséptico de vectores sin hablar del contexto socioeconómico del León medieval o del simbolismo de la luminosidad en el gótico. En este sentido, las explicaciones rigurosas y completas deben aunar factores de niveles superiores e inferiores para conseguir un valor explicativo fructífero.

Desde la década de los años treinta del siglo XX, algunos filósofos se han propuesto unificar las ciencias o reducirlas a la física básica. Al fin y al cabo, si todo lo existente en el universo (el universo cognoscible, de los fenómenos) está compuesto de materia y energía, también los presuntos aspectos “elevados” y propiamente humanos como las experiencias estéticas del arte o la religión (y sus derivados, como las catedrales) serían reducibles a quarks o elementos fundamentales de la materia. Esta postura filosófica es conocida como fisicalismo y tiene numerosas variantes. Para comprenderlo debemos tener en cuenta que todo pensamiento estético o religioso, por ejemplo, está en la mente o el cerebro de un individuo. Ese individuo ha evolucionado, como todos los seres vivos, a partir de la selección natural darwiniana. Del mismo modo, los componentes de la vida son elementos de la tabla periódica, algunos cocinados por la alquimia estelar (en expresión de Carl Sagan), y el propio hidrógeno presente ya desde el Big Bang, que juntos conforman, en suma, la base de todo. Además, en un universo cerrado donde sólo hay interacción entre materia y energía no hay mucho lugar para entidades sobrenaturales como dioses o fuerzas místicas. Ni siquiera dentro de la misma catedral de León, que únicamente parece ser un homenaje a la laboriosidad y el buen hacer de los artistas medievales de la Corona de Castilla.

La continuidad sustancial ontológica de la composición de una lechuga, un rascacielos y el Dalai Lama es clara. Todos tienen en común su naturaleza como entidades materiales compuestas de quarks. En ese sentido no hay diferencia en cuanto a su sustancia constitutiva básica, pero sí en cuanto a organización de esos quarks y átomos; por eso tales entidades presentan aspectos distintos y las propiedades particulares que les caracterizan. Tanto la organización atómica como la complejidad decretan el aspecto observable del amasijo de partículas que compone todas las cosas materiales y, en definitiva, son realmente importantes para la ciencia. Y aunque las explicaciones a partir de quarks no posean un valor práctico, no hay razones fuertes para suponer que hay algún tipo de desnivel misterioso e insalvable entre las cosas materiales. A pesar de su inutilidad, las descripciones reduccionistas son posibles gracias a los elementos básicos que todas las cosas del universo tienen en común.
Publicado por primera vez en Hablando de Ciencia.