Posts etiquetados ‘Kepler’

«Puedo muy bien presumir, santo padre, que algunos, al saber que en este libro mío De revolutionibus orbium caelestium adjudico algunos movimientos a la Tierra, exclamarán que, ya que sostengo tales puntos de vista, deberían sacarme a silbidos del escenario […] Por ello he dudado durante largo tiempo en publicar estas reflexiones escritas para demostrar el movimiento de la Tierra, pues pensaba que tal vez fuera mejor seguir el ejemplo de los pitagóricos y otros, que se limitaron a impartir sus misterios filosóficos sólo a sus íntimos y amigos, sin escribirlo, transmitiéndolos de boca en boca, como atestigua la carta de Lisis a Hiparco. […] Al considerar este asunto, el miedo a las burlas que mi nueva y aparentemente absurda opinión arrojaría sobre mí casi me persuadió de abandonar el proyecto».

Nicolás Copérnico. Dedicatoria al papa Pablo III de su obra Sobre las revoluciones de los orbes celestes.

«[…] ningún problema ha dado lugar a más nobles y bellas especulaciones […] que el de saber si el uso de las matemáticas en la física […] es oportuno o no […]. Es bien sabido que Platón creía que las matemáticas son particularmente apropiadas a las investigaciones de la física, por eso él mismo acudió en varias ocasiones a ellas para explicar los misterios físicos. Pero Aristóteles mantenía un punto de vista muy diferente y explicaba los errores de Platón por su excesiva adhesión a las matemáticas».

Jacopo Mazzoni. Citado en A. Koyré, “Galileo y Platón”.

«Y en medio de todo permanece el Sol. Pues, ¿quién en ese bellísimo templo pondría esa lámpara en otro lugar mejor, desde el que se pudiera iluminar todo? Y no sin razón le llaman lámpara del mundo […]».

Nicolás Copérnico. Sobre las revoluciones de los orbes celestes.

«La Geometría es una y eterna,  y resplandece en la mente divina, siendo la participación en ella concedida a los hombres una de las causas de que éste sea imagen de Dios.

[…]

En verdad, el Sol está en el centro del mundo, es el corazón del mundo, la fuente del calor, el origen de la vida y del movimiento mundanal. Y parece que el hombre debe renunciar con ecuanimidad a ese trono regio. El cielo es para el Señor celestial, el Sol de la justicias, si bien otorgó la Tierra a los hijos de los hombres. Pues si bien Dios no tiene cuerpo ni precisa de un habitáculo, con todo, más poder con que gobernar el mundo se manifestará en el Sol (en el cielo, como se dice en varios lugares de las Escrituras) que en todos los demás globos».

Johannes Kepler. Conversación con el mensajero sideral.

Anuncios

«Es conocida la respuesta de un personaje de Oscar Wilde a la exigencia de una “verdad pura y simple”: “La verdad raramente es pura, y nunca es simple”. Popper (“conjetura y refutación”) y Feyerabend (“todo vale”) tienen el encanto de la simplicidad, si no el de la pureza. Pero la verdad acerca de la naturaleza de la ciencia no es simple, y los científicos no son puramente racionales ni puramente no racionales. Si se quiere un slogan, helo aquí: el realismo es la verdad; el racionalismo moderado, el camino».

W. H. Newton-Smith. La racionalidad de la ciencia.

«[…] mirando con ojos de filósofo las acciones y las empresas de los hombres no veo en ellas casi ninguna que no me parezca vana e inútil […]».

René Descartes. Discurso del método.

«[…] tan pronto como se establezca algún sistema para volar [al espacio], no faltarán colonos de nuestra especie humana. ¿Quién creería antaño que la navegación por el vastísimo océano sería más tranquila y segura que por el angostísimo golfo del Adriático, por el mar Báltico o por el estrecho inglés? Supón que haya naves o velas adecuadas a los vientos celestes y habrá quienes no teman ni siquiera a esa inmensidad».

Johannes Kepler. Dissertatio cum Nuncio Sidereo.

 «La falacia naturalista tiene un reverso: la falacia antinaturalista. Algunos tienen una visión exaltada de lo que significa ser humano. Según una de estas concepciones, los seres humanos “naturales” viven de acuerdo con la naturaleza, coexistiendo pacíficamente con las plantas, los animales y entre sí. La guerra, la agresión y la competencia son consideradas manifestaciones corrompidas de esta naturaleza humana esencialmente pacífica provocadas por condiciones como el patriarcado y el capitalismo. A pesar de las pruebas en contra, la gente se sigue aferrando a tales ilusiones. […] La falacia antinaturalista tiene lugar cuando nos contemplamos a través de las lentes de la visión utópica de cómo querríamos ser».

David Buss. La evolución del deseo. Estrategias de emparejamiento humano.