Posts etiquetados ‘filosofía de la biología’

«Mecanismos genéticamente determinados no implican una conducta genéticamente determinada. Así como la arquitectura universal genéticamente determinada de huesos y músculos puede generar una enorme variedad de movimientos diferentes, así también una arquitectura psicológica universal genéticamente determinada que evolucionara para estar exquisitamente ajustada a las circunstancias ambientales locales puede producir innumerables resultados conductuales en diferentes individuos con diferentes experiencias y en diferentes situaciones. Si el cerebro tuviera sólo 20 mecanismos independientes, cada uno de los cuales pudiera estar sólo en uno de dos estados en función de las condiciones ambientales, el cerebro tendría 220, esto es, alrededor de un millón de estados diferentes y, potencialmente, el correspondiente número de conductas diferentes. Puesto que el modelo del cerebro de la psicología evolucionista postula un gran número de mecanismos especificados de forma innata (quizá cientos o miles), la mayor parte de los cuales es sensible a las condiciones ambientales, el cerebro puede estar potencialmente en un número astronómicamente grande de diferentes estados con diferentes resultados conductuales, incluso si muchos de estos módulos no fueran independientes unos de otros».

Edward H. Hagen. Citado en La vida bajo escrutinio, de Antonio Diéguez.

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Hasta hace unos veinte o treinta años, filosofía de la ciencia y filosofía de la física eran una y la misma cosa. Los filósofos de la ciencia más importantes (los neopositivistas, Popper, Kuhn, Lakatos, etc.) habían convertido la reflexión sobre la física en el tema hegemónico. Más allá, la nada. A fin de cuentas, la física se consideraba la ciencia paradigmática y cuasiperfecta. Pero con el tiempo la situación ha ido cambiando. La filosofía de la física actual parece estar cada vez más desgastada y manida; hay además muy pocos visos de que vaya a cambiar. ¿Qué podría ocupar su lugar?

La filosofía de la biología se presenta como una candidata con mucha fuerza y ya ha traído a su campo a ex-filósofos de la física reciclados. Aunque sus teorías no tienen una estructura matemática tan desarrollada como las teorías físicas (incluso se debate si es una “ciencia dura”, con leyes), de la biología contemporánea se derivan unas consecuencias más directas para el Homo sapiens sapiens, su naturaleza y su lugar en el mundo. Entendido de forma amplia, el darwinismo -sé que algunos tienen reparos con ese “-ismo”- tiene una fuerza demoledora y vitriólica sobre la vieja antropología filosófica. El ser humano es algo temporal y convencional, una forma (desde nuestra perspectiva) relativamente estable que adopta un acervo génico determinado. No existimos desde siempre y nuestra existencia no está metafísicamente garantizada en el futuro. A su vez, la singularidad de las teorías biológicas y de sus conceptos abre un entorno interesante donde reflexionar.

En 2007, John Wilkins propuso una serie de libros básicos para adentrarse en el intrincado universo de la filosofía de la biología. Son muy buenos (en especial el de Sober) y no los repetiré aquí. Ahora haré mi propia selección, que tiene una (obvia) impronta personal y arbitraria.

Manuales:

  • Un manual realmente viejuno (publicado en inglés en 1973) es La filosofía de la biología de Michael Ruse. Todo un clásico que no se reduce al tratamiento teórico de la teoría de la evolución, como suele ser habitual. También habla de genética (mendeliana y de poblaciones), de taxonomía, del problema de la teleología y de la relación entre la biología y la física.
  • La vida bajo escrutinio: Una introducción a la filosofía de la biología, de Antonio Diéguez. Lo estoy leyendo ahora y es de 2012. Creo que es el más adecuado para estudiantes y gente que quiere un primer contacto con este tema (además, incluye un glosario muy sencillo con términos científicos). El de Ruse empieza mucho más hardcore. Tiene un capítulo final sobre evolución y naturaleza humana donde toca temas como el de la psicología evolucionista y sus críticas, así como las distintas epistemologías evolucionistas que se han formulado.

Temas:

  • El azar y la necesidad: ensayo sobre la filosofía natural de la biología moderna, del biólogo francés Jacques L. Monod. Indispensable. Una visión materialista y desencantada del universo. Algunos biólogos lo ven como un mero ejercicio periodístico.
  • La peligrosa idea de Darwin, de Dan Dennett. La traducción al español es horrorosa y merece un buen chorro de napalm. En general, se trata de un libro que toca muchos temas relacionados con el darwinismo (quizá demasiados) desde el particular sentido del humor de Dennett. Su tesis principal es que la teoría de la selección natural tiene una naturaleza algorítmica que no se reduce a la biología. Asimismo, Dennett entra en la polémica del panadaptacionismo panglossiano (el error de considerar que todos los rasgos son adaptativos) con Jay Gould y Lewontin. Es mucho más justo con ellos que Steven Pinker, por ejemplo.
  • Evolución para todos de Dylan Evans y Howard Sellina. Probablemente lo más divulgativo que existe sobre evolución. Tiene dibujos y viñetas en cada página y el nivel general es el más básico posible. Trata desde la cladística al altruismo recíproco de Trivers. El tono es claramente favorable al gen egoísta de Dawkins y a la psicología evolucionista.
  • Sociobiología: la nueva síntesis, de Edward O. Wilson. Un libro de 1975 que causó una tremenda polémica y por eso tiene gran interés para nosotros. Es muy caro comprárselo (es una Biblia muy gorda con dos columnas por página) y creo que eso entra dentro del ámbito del frikismo. Pero al menos vale la pena leer alguno de sus capítulos, sobre todo el final, dedicado al ser humano. Muy bonitas ilustraciones.
  • El gen egoísta. Las bases biológicas de nuestra conducta, de Richard Dawkins. Lo conoce todo Dios y es una obra de divulgación fundamental en una estantería. Explica las teorías sobre el altruismo animal que se barajaban en torno a la década de los 70. Las secciones sobre teoría de juegos pueden marear a algunos, pero valen la pena. Es indispensable comprárselo con los comentarios de 1989, algunos muy humorísticos.
  • No está en los genes. Racismo, genética e ideología de Lewontin, Rose y Kamin. Los autores critican lo que llaman “determinismo genético”, que según ellos impregnaría los dos libros anteriores y tantos otros. Pero no se limitan a atacar la sociobiología de su época, sino también cualquier exceso “biologicista” de la biología, también en el pasado. Tiene un toque de denuncia muy pronunciado, a veces derivando hacia posturas extracientíficas, políticas. Lo de la “biología dialéctica” es una trivialidad.
  • The Extended Phenotype, de Richard Dawkins. Aunque parezca increíble, este libro de 1989 no está traducido al español. En algunos aspectos es mucho más importante y controvertido que El gen egoísta. Dawkins se dedica a contestar críticas y a seguir con la polémica.
  • La vida maravillosa. Burgess shale y la naturaleza de la historia, de Stephen Jay Gould. No se trata de la simple descripción del yacimiento de fósiles de Burgess shale (con muchas inexactitudes). Es un ensayo sobre el papel de la contingencia histórica en la evolución y en nuestra propia existencia. Establecer “leyes” parecería imposible o increíblemente complicado.
  • La hormiga y el pavo real: el altruismo y la selección sexual desde Darwin hasta hoy, de la filósofa Helena Cronin.  Otra obra que trata el altruismo y la selección sexual con una buena prosa.
  • Evolutionary Genetics, de John Maynard Smith. No todo va a ser divulgación. Droga dura.
  • La revolución darwinista (La ciencia al rojo vivo), de Michael Ruse. Un recorrido histórico genial por la sociedad británica del siglo XIX. Se habla de Lamarck, de la polémica con la geología de Charles Lyell, de toda la obra de Darwin y su proceso de formación (y su faceta como geólogo autodidacta). Recomendadísimo.
  • El misterio de los misterios, de Michael Ruse. El autor investiga la relación entre las vidas de los principales autores evolucionistas y sus teorías, intentando saber si tenía razón Kuhn o Popper. Curioso y bastantes cotilleos personales.
  • Cualquier obra recopilatoria de los ensayos de Stephen Jay Gould es interesante desde un punto de vista teórico. Tiene un estilo algo barroco y complejo, pero al final acaba enganchando. Espero que te guste el béisbol.
  • The Spandrels of San Marco and the Panglossian Paradigm: A Critique of the Adaptationist Programme de Jay Gould y Lewontin. No es un libro sino un famoso artículo crítico con las narrativas panadaptacionistas en auge. Obviamente los autores no reniegan del adaptacionismo como programa de investigación en biología, sino de su empleo exagerado.
  • Evolución de Andrés Moya. Una perspectiva muy interesante y unitaria entre ciencias y humanidades, donde el darwinismo actúa de espacio común explicativo. El autor sabe muy bien de lo que habla.
  • Vidas sintéticas de Ricard Solé. Un libro divulgativo sobre lo último de lo último en ese ámbito tan impresionante de la biología contemporánea llamado biología sintética. El autor es algo hostil con la filosofía (dice que ahora la ciencia responde las preguntas filosóficas, pero es que la filosofía no pretende responder preguntas científicas), aunque es un libro eminentemente filosófico.

Y eso. Se me han quedado muchos en el tintero y existirán otros mejores que éstos que todavía no conozco. Pero espero que esta guía sea útil.

Empieza una nueva sección en este blog, parcialmente inspirada en Lo mejor de la semana de Hablando de Ciencia. En lugar de noticias, por aquí colgaré citas que me hayan parecido interesantes a lo largo de una semana. Debo recalcar, eso sí, lo de interesantes: el hecho de que una cita esté expuesta en esta sección no significa que yo comparta su contenido o que esté de acuerdo (ni en desacuerdo). Las valoraciones en los comentarios. Como se suele decir por TwitterRT ≠ endorsement.

«Cambiar la vieja imagen del mundo no fue algo que se hizo con facilidad y sin rodeos. Por ejemplo, para nosotros, los fósiles son una muestra clara de la antigüedad de la Tierra. Pero eso está tan claro únicamente porque consideramos que los fósiles son restos de organismos que dejaron de existir hace mucho tiempo. Pero para un pensador neoplatónico del Renacimiento era mucho más natural pensar que los fósiles son manifestaciones de las Ideas platónicas plasmadas en el mundo de la materia inerte, del mismo modo que los organismos serían manifestaciones de dichas Ideas plasmadas en el mundo de la materia animada […] Esa interpretación no establece una relación biunívoca entre fósiles y seres vivos extinguidos, relación a la que sólo se llegó después de años de intensas deliberaciones».

Michael Ruse. La revolución darwinista (La ciencia al rojo vivo).

«Los seres organizados se distribuyen según una organización arbórea con ramificaciones irregulares […] el árbol de la vida se debería llamar quizá el coral de la vida, en donde las ramas soportes están muertas, por lo que las comunicaciones intermedias no son visibles».

Charles Darwin. Cuaderno de notas sobre las especies B.

«En efecto, biologizar al hombre hasta en sus resquicios más recónditos es el penosísimo proceso de mostrar nuestra vulnerabilidad total ante lo que se nos antoja un cosmos completamente ajeno a lo que se puede denominar nuestra problemática existencial, por mucho que se intente promocionar un “principio antrópico” o similares que nos siguen dejando donde estamos, ilusiones aparte».

Carlos Castrodeza. La darwinización del mundo.

«Ningún lector de la revista Science se conformaría con la explicación de que la razón por la que buscamos las causas que gobiernan el universo no tiene otra base que la de ayudar a los animales humanos a alimentarse y reproducirse. Más bien insistirá en que lo único que le da sentido a su perpetuación es el desarrollo de las ideas racionales y el avance de la racionalización en el entendimiento de lo que existe».

Charles S. Peirce. “Definición y función de una universidad”.

«Si tomamos, por ejemplo, los cerebros de gemelos idénticos […]; si los cortamos en rodajas o en dados y los examinamos con todo tipo de microscopios y medidas sistemáticas, como el número de neuronas en regiones específicas del cerebro, la complejidad de los cables que se bifurcan desde esas neuronas o el número de conexiones entre las neuronas, descubriremos que todas difieren. Los genes son los mismos, pero los cerebros son diferentes».

Robert M. Sapolsky. “Un gen para nada”,  El mono enamorado y otros ensayos sobre nuestra vida animal.

Nota inicial: Éste es uno de esos post que me hubiera gustado leer hace años, cuando tenía una idea muy vaga y confusa acerca de estos temas. Después de varias lecturas hoy sé un par de cosillas adicionales, aunque no las suficientes. Pero sirven para ir tirando mucho mejor.

1) El famoso debate nature/nurture (naturaleza/crianza), en sentido fuerte, tuvo su momento álgido en los 70 y 80. Realmente fue una polémica engañosa desde el principio: unos acusaban a los otros de deterministas genéticos, otros a los demás de ambientalistas totales o defensores de la tabula rasa, pero a la hora de la verdad no había ningún auténtico espécimen que fuera tan extremo (o bien acababan reculando o moderándose por la propia dinámica del debate). Por las implicaciones extracientíficas e ideológicas de las posiciones defendidas, la polémica nature/nurture tomó incluso tintes violentos, pues afectaba a la propia concepción de eso que podríamos llamar “naturaleza humana” y todo lo que le rodea social, política e institucionalmente.  En cualquier caso, hay una aceptación general de que existe una interacción dinámica y compleja entre genética, epigenética, ambiente e incluso puro azar que conforma finalmente al organismo vivo. No es posible concebir la influencia genética aislada de todos los demás factores y viceversa. Aunque según tus genes tengas tendencia a crecer hasta medir 2 metros de altura, una pobre alimentación probablemente lo impedirá. Al fin y al cabo, como ha dicho algún autor que no recuerdo, una pierna está hecha también de “comida”.

2) Podría parecer que está muy claro qué es un gen. Pero no lo está. Hay múltiples definiciones y no es lo mismo el gen de la biología molecular que el gen de la biología evolutiva o el gen mendeliano clásico (y ahí hay más distinciones, como el gen como unidad de información relevante para la selección natural,  tal y como lo entendía G. C. Williams y fue popularizado por R. Dawkins).  A veces hay confusiones al respecto, sobre todo en el ámbito periodístico (del mal periodismo).

3) Hay un largo trecho entre un gen y un comportamiento. Aunque leamos mil veces en la prensa que se ha descubierto “el gen que determina X comportamiento” habrá que analizar realmente qué quiere decir eso. Las experiencias fallidas con el supuesto “gen gay” y el “gen de Dios” deberían ser motivos de precaución.  Así pues, hay que tener en cuenta que la interacción entre el gen (o los genes, más habitualmente) y el comportamiento es muy indirecta y opaca. Los genes que se suelen tomar en consideración generalmente codifican y sintetizan cadenas de polipéptidos (que conforman proteínas). Digo “que se suelen tomar en consideración” porque también tenemos una inmensa cantidad de ADN “basura” cuya función es desconocida,  y de genes o secuencias de ADN que hacen otras cosas (genes reguladores, enhancers, etc.). Entre las proteínas (que pueden tomar la forma de enzimas, hormonas, neurotransmisores, etc.) y el comportamiento presuntamente resultante hay (en el caso en que exista), como decimos, una relación muy compleja donde no podemos pasar por alto otro tipo de componentes no-genéticos. Esa relación a veces aparece como un porcentaje y no como una conexión necesaria del tipo “si…siempre”, propia del determinismo.

4) Así pues, no hay una relación uno-a-uno entre el genotipo y el fenotipo. Eso invalida cualquier clase de “determinismo genético” en sentido fuerte: es biológicamente imposible. El genotipo no es un plano de un edificio (nosotros) sino más bien la receta de la tarta que somos. No hay una relación directa ni determinista entre la receta (y una receta ambigua en ciertas partes) y la tarta final. Algunos efectos fenotípicos aparecen exclusivamente por activación externa o ambiental. Incluso ciertos genes pueden activarse de maneras muy distintas según el estímulo. Tanto los llamados “deterministas genéticos” (según los “ambientalistas”) como los “ambientalistas extremos” (según los “deterministas”) han reconocido esto.

5) Nuestra civilización moderna no ha impedido ni ha estancado la evolución humana, como a veces se cree. Por lo visto, el aumento de la población acelera la aparición de mutaciones (y el cambio en el acervo génico de una población, que es lo que define a la evolución). Además, la cultura acaba delimitando a los propios genes.

Lecturas de verano

Publicado: julio 27, 2012 en Libros
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