Posts etiquetados ‘Epicuro’

 «El descrédito del epicureísmo , efectivamente, fue en vertiginoso aumento, así como el desprecio que inspiraban sus adeptos entre paganos y cristianos. La campaña entablada en el siglo II en su contra fue feroz: astrónomos como Cleomodes, que se quejan amargamente de la tolerancia de las autoridades con la secta, médicos como Galeno y filósofos de las más diversas tendencias le asestaron los golpes más rudos. Sin contar, claro está, la polémica de los cristianos. El tachar de epicúreo solapado a Celso, el autor del Discurso verdadero, es el mayor oprobio que se le puede ocurrir a Orígenes, para desacreditarle incluso ante los mismos paganos, cuando la verdad era que Celso había sido un platónico. Dionisio de Alejandría, Eusebio y Lacancio harán amplias refutaciones de las doctrinas de Epicuro en la segunda mitad del siglo III y a principios del IV. Pero sus golpes caían ya sobre un cuerpo moribundo: Juliano el Apóstata podía, a mediados del siglo IV, expresar su satisfacción por la decadencia de la secta y la desaparición de sus escritos, y a finales del mismo siglo, extender san Agustín definitivamente su partida de defunción»

Luis Gil. Censura en el mundo antiguo.

censura mundo antiguo

Anuncios

Lucretius_De_Rerum_Natura_1675_page_1

Como revela mi última entrada, estoy leyendo estos días el De rerum natura de Lucrecio, en concreto la fantástica edición de Gredos a cargo de Francisco Socas. Ya había realizado algunas incursiones a esta gran obra tiempo atrás, pero ninguna había sido tan arriesgada ni prolongada como la presente. Así que voy a escribir aquí mis primeras impresiones:

1) Estamos ante un poema filosófico sobre la totalidad del mundo. Trata de todo lo tratable: desde  los principios generales del movimiento y de la existencia hasta el origen del lenguaje, pasando por el magnetismo, la lluvia, los terremotos, el funcionamiento de la mente, el origen de las especies y mucho más. Por eso podríamos traducir igualmente el título (De rerum natura) por La naturaleza o La realidad. Justamente la pretensión de Lucrecio parece la de mostrarnos la verdad desnuda de las cosas a través del pensamiento de Epicuro, su maestro y dios entre los hombres. Sólo el verdadero conocimiento de la naturaleza (I, 146-148) sirve de φάρμακον frente al miedo a la muerte (o el aferrarse a la vida), los males que aquejan y atemorizan a los hombres, la superstición y la religión.

2) Los antiguos solían poner cierto énfasis en las palabras iniciales de sus escritos. En ellas concentraban en ocasiones el tema principal de toda la trama. La Ilíada comienza con Μῆνιν (cólera) y la Odisea con Ἄνδρα (hombre, varón). Efectivamente, el eje central de la Ilíada es la cólera de Aquiles y sus consecuencias y la Odisea trata de las peripecias de un hombre singular, Odiseo, por regresar a su Ítaca y restaurar el orden natural. De rerum natura empieza con Aeneadum  y  es posible decir algo sobre ello. Por ejemplo, que es una forma específicamente helénica y no latina de referirse a los descendientes o hijos del héroe troyano Eneas. Es decir, los romanos. Lucrecio habla a los romanos, sus lectores objetivos (especialmente un tal Memio), desvelándoles lo que considera lo más granado y oscuro del pensamiento griego en su poema.

3) El proemio es una invocación a la diosa Venus. ¿Cómo es posible esto en un epicúreo, sobre todo si tenemos en cuenta lo que viene después? ¿Es un recurso poético? ¿Es una Venus simbólica? ¿Representa simplemente la generación de las cosas o el deseo en sentido filosófico, lo que en el Banquete de Platón aparece como Ἔρως? ¿Es Venus la fuerza de la alegría y de la sonrisa y, por consiguiente, el símbolo del epicureísmo para Lucrecio? Estamos ante un misterio sobre el que ha corrido mucha tinta, como nos comenta Francisco Socas en una nota a pie de página. Y si tenemos en cuenta que el poema termina con la peste de Atenas estamos todavía más perdidos. Algunos autores han comentado que Lucrecio se disfraza de pre-epicúreo en las primeras partes y que desata su concepción más descarnada de lo real conforme avanzan los versos. Es como si nos dijera una oculta vocecilla “si has llegado hasta aquí, no te contaré milongas”.

4) Porque sí, el final de De rerum natura es una descripción increíblemente gráfica de la peste de Atenas. Se encuentra en el Libro VI, que tiene una estructura muy peculiar. Y es que abre con un elogio a la ciudad de Atenas y de Epicuro (el creador de la doctrina salvadora) y acaba con el colapso de Atenas y de todas sus costumbres morales e instituciones religiosas a causa de la epidemia. ¿Qué es lo que debemos concluir con el libro VI, si es que hay que concluir algo? Si la Πολιτεία de Platón finaliza con un εὖ πράττωμεν, De rerum natura no parece tan claro.

5) ¿Por qué un poema de hexámetros dactílicos y no un tratado al uso? Se ha afirmado que Lucrecio quería “endulzar” con un tono poético una doctrina en principio impersonal y fría, en la que el hombre se ve reducido a muy poca cosa. Él mismo lo asegura en IV, 9-25, cuando compara su empresa poética con darle a un niño un remedio asqueroso de ajenjo untado con licor de miel. Lucrecio parece totalmente consciente de que las tesis de su poema generan repulsión y espanto entre sus contemporáneos y por eso las unta con “la grata miel de las Musas” (IV, 23). No es descabellado entonces afirmar que Lucrecio usó la forma poética para evitar un escándalo o un rechazo absoluto y violento de su poema y de su persona. Una cita interesante:

«En estas cuestiones temo lo siguiente: que acaso creas que te estás iniciando en los rudimentos de una doctrina irreverente o emprendiendo un camino de crímenes». (I, 79-81).

6) Se ha hablado también del tono religioso (¿irónico?) con el que trata a su maestro Epicuro. Lo representa como un Hércules del pensamiento. Entre otras posibles citas:

«[…] un dios, un dios fue aquel, ilustre Memio, que por vez primera halló ese fundamento del vivir que ahora llamamos “filosofía”, y que con artificio hizo venir la vida desde tan grandes tempestades, desde tan grandes tinieblas, hasta una calina tan grande, hasta una luz tan clara». (V, 7-13)

«Así pues, quien sojuzgue todos estos males y los eche fuera del corazón con palabras, no con armas, ¿no convendrá que ese hombre entre por merecimientos en el grupo de los dioses?, sobre todo si tuvo por costumbre transmitir a los propios mortales muchas palabras concertadas y divinas, y con tales palabras desvelar la naturaleza toda de la realidad». (V, 48-54).

7) En I, 62-78, Lucrecio aventura que “un griego” (Epicuro o los primeros filósofos antirreligiosos, no está claro) fue “el primero en romper los apretados cerrojos de la naturaleza” (I, 70) pues “la vívida fuerza de su mente triunfó y avanzó lejos, fuera de los muros llameantes del mundo” (I, 70-72). Al salir del cosmos su mente conoce totalmente la naturaleza de las cosas y la infinitud. Este griego es descrito como si fuera un héroe épico que se enfrenta a fuerzas abismales y atemorizantes, el único humano en hacerles frente con “sus ojos mortales” (I, 65-66). Hay aquí una ecualización de los hombres que aceptan la realidad sin temor con lo más alto.

8) Las traducciones low-cost de muchas obras de Leo Strauss son para salir corriendo:

maiz

Si es posible, hay que leerlo siempre en inglés.