Archivos de la categoría ‘Metafísica’

Filosofar es…

Publicado: marzo 2, 2015 en Metafísica
Etiquetas:

Filosofar es contemplar (theorein) el mundo con ojos de entomólogo.

Madrid

23) Si el ser humano es el animal que siempre cree que es lo que no es, es posible hibridar a Darwin con Platón.

24) “Somos carne, somos aspiración” decía Agustín de Hipona. Podría ser un buen epitafio para la tumba de Nietzsche.

25) El pensamiento medieval se nutre de la tensión entre la insignificancia y la grandiosidad del hombre. Como el actual, entre humanismo y naturalismo.

26) La naturaleza, ese dios en el que reflejamos nuestra coherencia y nuestros prejuicios. Nuestro fenotipo extendido.

27) La naturaleza humana es la cola del supermercado.

28) La naturaleza humana es esperar turno en el banco mientras un señor pide una hipoteca.

29) Toda nación tiene su mitología política. Pero también hay mitos baratos.

30) La palestra política es el escenario de conflicto de los valores sagrados (Scott Atran). El camino que va de la defensa del chamán de la tribu a la defensa de la libertad es cuantitativo, no cualitativo.

31) El pueblo, esa abstracción que se define exactamente por “tipo de gente que me cae bien y que piensa lo mismo que yo”.

Neil deGrasse Tyson in Cosmos

«Las efímeras generaciones de los hombres surgen y desaparecen en veloz sucesión, mientras que los individuos van danzando hacia la muerte entre angustias, necesidades y dolores. Incesantemente se preguntan qué será de ellos y qué significa toda esa farsa tragicómica, e invocan al cielo pidiendo respuesta. Pero el cielo permanece mudo».

Arthur Schopenhauer. Parerga y paralipómena.

La popular serie de documentales Cosmos vuelve, y la frase de gran sentido poético “somos polvo de estrellas” toma un nuevo impulso como meme. El problema es que es posible una lectura teórica alternativa de los mismos datos, a la manera de la infradeterminación de Duhem-Quine. Todos somos polvo de estrellas, muy bien, pero prácticamente cualquier cosa en nuestro planeta también lo es. El vecino que pone la música alta a las tres de la mañana  también es polvo de estrellas, así como un chicle recién masticado que hemos dejado en la papelera de la esquina. Este aserto tan pegadizo, que estimula nuestro sistema límbico, nos revela una banalidad: que todas las cosas físicas en algún sentido somos iguales. Ésta es precisamente la proclama del naturalismo filosófico, que reniega de abismos ontológicos y aboga por la clausura causal del mundo físico. Esto no tiene que ser algo bonito ni hermoso. Bien podría tratarse de una historia de terror. Pero eso da igual, y nunca mejor dicho.

Nietzsche tenía razón en algo muy importante. Y es que el avance de las ciencias naturales trae como consecuencia el auge del nihilismo.  Aquí no hay que entender nihilismo de manera peyorativa, sino descriptiva. El nihilismo es la pérdida de valor y credibilidad de todo lo que parecía sólido y estable. Así, como señala Alexander Rosenberg, en el nihilismo todo término normativo (bien, mal, etcétera) no se corresponde a nada existente o es falso. Lo bueno y lo malo sólo tiene un sentido instrumental dentro del marco de la evolución, así como un caramelo no es dulce en sí, sino únicamente lo es para nosotros porque es útil adaptativamente para identificar el azúcar presente en el entorno y consumirla. Asimismo, de los resultados de las ciencias contemporáneas podemos deducir, al igual que lo hizo el postestructuralismo francés, que el sujeto no existe y que el hombre ha muerto. Desde la metáfora del gen egoísta, que es otra manera de representar el darwinismo,  todos los seres vivos somos vehículos o interactores (la expresión es de David Hull) de los genes inmortales. La darwinización del mundo, tal y como la llamó Carlos Castrodeza, nos deja ante un universo repleto de ambigüedades, sin esencias y sin límites creíbles. Por ejemplo, qué sea vida y qué sea materia inerte es una mera distinción lingüística. Nos ha tocado lidiar con un mundo inestable que debemos sortear como seres frágiles, pues nuestra supervivencia no está asegurada por los designios de ningún creador ni ninguna supuesta característica especial, como la cultura.

Gracias a los descubrimientos de la ciencia contemporánea es posible concluir que el “yo” no existe. No hay un teatro cartesiano ni un “yo” indivisible y de sustancia mental, sino nuestro “yo” es una ilusión producida por la síntesis de una multiplicidad de sinapsis, elaboradas por esos robots orgánicos sin mente que llamamos neuronas. Tampoco podemos creer hoy en día en el libre albedrío, de tomarnos los experimentos en neurociencia en serio. Así pues, la imagen científica nos deja con un montón de bosones y fermiones en constante interacción. Esto se parece bastante a los paisajes desérticos que tanto le gustaban a Quine. O, sin irnos tan lejos, a la naturaleza de Lucrecio en De rerum natura.  Por lo demás, la naturalización de la sociología nos muestra que nuestras relaciones sociales no están más allá de la etología humana, por mucho que creamos trascenderla. La cultura humana, como dispositivo biológico, es una surtidora de cosmovisiones que nos permiten medrar en un entorno social más o menos conflictivo. Los relatos éticos, metafísicos, políticos o estéticos se usan como armas arrojadizas como estrategias racionales de supervivencia. Como es lógico, esta cosmovisión también es un relato más, aunque su fortaleza está conectada con lo establecido en las ciencias naturales. No es una cosmovisión elegante ni bella y hace verdadero aquello de Shakespeare de que la vida era un cuento, contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa.

La cuestión es que día a día no vivimos dentro de la imagen científica, sino en la imagen manifiesta, por seguir con los términos de Sellars. Es decir, que habitamos en un mundo de andar por casa, repleto de sesgos, heurísticos, prejuicios e ilusiones ópticas. Es la esfera de la psicología de masas, de los memes, de las decisiones instintivas (Gigerenzer) y de la racionalidad acotada, que está bajo el eterno influjo de las emociones. Es el mundo sin reducción teórica, donde las mesas son sólidas; el de los qualia y el autoengaño que no se conoce como autoengaño. Es el reino de la moral y de la política, donde se lucha por grandes palabras como la dignidad y la libertad. Ahí todo tiene sentido, tiene su relato, hay teleología. Las ilusiones que produce nuestro encéfalo, como máquina de realidad virtual de supervivencia que es, son el pan de cada día.

Quizá se prefiere un mundo u otro por razones de temperamento. Al fin y al cabo, el nihilismo es agotador y no se puede vivir mucho tiempo con él. La vida fenoménica tiene sus propias razones y viene de serie. No se puede abandonar la metáfora, ni el antropocentrismo ni el mundo áspero de la imagen manifiesta mientras se siga siendo humano, aunque sepamos teóricamente que las mesas no son sólidas y que no existe lo dulce fuera de nosotros mismos. En el ámbito de la divulgación científica se pretende conectar la imagen científica con la imagen manifiesta, para acercarse al lector o al espectador. La imagen científica a secas es neutral, poco entregada al cariño, como la Natura de Spinoza. Incluso nos parece hostil, ya que al fin y al cabo nos condena a lo efímero y a la irrelevancia: somos un mero accidente, pura temporalidad. Que se haga querer, que la imagen científica se vuelva hogareña es un producto de su enraizamiento con la imagen manifiesta a través de la apelación a nuestras emociones. No hay nada que nos llegue más dentro que un buen relato y eso es Cosmos. Y para bien.

Un microrrelato de terror

Publicado: enero 29, 2014 en Metafísica
Etiquetas:

Había una vez un niño que quería ser catedrático de filosofía.

Aforismos aleatorios II

Publicado: diciembre 29, 2013 en Metafísica

14. El nihilismo es como un par de zapatos elegantes y delicados que nos calzamos para salir. Pero en casa hay que llevar las pantuflas de la metafísica.

15. La filosofía es la frágil conciencia de que la Esfinge se calla lo más importante.

16. La búsqueda del sentido en el sinsentido es una ocupación noble, aunque sea una batalla perdida de antemano.

17. Dice Unamuno que la filosofía y la poesía son almas gemelas. Pero el mundo creado por el filósofo querrá siempre independizarse de su creador.

18. Una corriente filosófica es fuerte cuando tolera la ironía en sus filas. Sospechemos de todo filósofo al que no le cueste tomarse en serio la filosofía.

19. Si no podemos acabar con los mitos, sólo nos queda construir un digno palafito sobre ellos.

20. Diez páginas de Shakespeare o de Homero forman mejor a la moral que mil tratados de ética.

21. Tecnificar la filosofía o generar nuevas palabras no es garantía de verdad.

22. La metafísica es el único género literario que se toma en serio a sí mismo.

Aforismos aleatorios

Publicado: junio 23, 2013 en Metafísica
Etiquetas:

1. La ciencia moderna nos ha mostrado nuestra insignificancia. Pero el hecho de que sepamos nuestra insignificancia me parece el más noble de todos los hechos. Esto significa que tenemos un motivo infinito para sentirnos muy orgullosos. Sea lo que sea eso.

2. Del hecho trivial de que el mundo exista no podemos deducir que el mundo sea un conglomerado de palabras a nuestra medida.

3.  En realidad, todos tenemos dogmas. O “supuestos”, si queremos ponernos elegantes. Pero ante nuestros dogmas hay dos posturas de convivencia posibles: ser honestos con ellos ante los demás o no serlo.

4. Un simple circuito integrado o un ejemplar de la Ilíada me parecen superiores al universo entero, porque son el producto de una o varias mentes racionales (cargadas de intenciones en el macronivel “folk”) y no de leyes naturales ciegas.

5. El aforismo 4 es un prejuicio basado en la valoración arbitraria de la racionalidad por encima de la estupidez.

6. La vastedad de la naturaleza se puede entender también como un enorme (y estúpido) derroche de medios.

7. La vastedad de la naturaleza es vasta desde la perspectiva humana.

8. Cuando decimos “mundo” ya estamos haciendo metafísica. Kant dixit.

9. La filosofía es demasiado frágil y probablemente no sea muy importante.

10. Prejuicio humano: el mundo sin humanos sería muy aburrido.

11. En realidad, Descartes no pudo superar al genio maligno. Si su Dios es una pantomima (como dijo Leibniz) habrá que explorar las posibilidades que abre esta hipótesis en el pensamiento del francés.

12. Hemos dejado de creer en los dioses para creer en el realismo modal.

13. Año 5145. Encontramos la verdad y resulta que no nos convence estéticamente. Pues vaya.

1) Sólo en nuestro tiempo sabemos que hay un problema con la pregunta de Leibniz ¿por qué hay algo y no más bien nada? Y es que desde que conocemos la mecánica cuántica y otras virguerías y suponemos que el origen del universo fue probablemente un fenómeno cuántico complejo de narices, la preguntas por qué cosmológicas podrían no tener sentido alguno. Preguntarnos por la causa del mundo sería el equivalente a preguntarnos, como diría el buen Zamora Bonilla, si una bacteria es del Madrid o del Barça. Al fin y al cabo, hay fenómenos cuánticos acausales que simplemente ocurren, sin una razón de fondo. Por supuesto, no hay que descartar otras hipótesis como los choques de branas y ese tipo de cosas. En definitiva, con este telón de fondo, la pregunta es; ¿no habrá entonces un límite de lo que podemos conocer efectivamente en cosmología? Y si es así, ¿cómo estamos seguros de saber si estamos lejos, cerca o rozando ese límite?  ¿Alguien imagina realmente que se llegue a un punto muerto en el que los cosmólogos digan: bueno, señores, ya no hay nada más que decir?.

2) Si el universo empezó for the lulz (o sea, por un fenómeno cuántico acausal), ¿no podría acabarse mañana mismo for the lulz? Inducciones aparte.

3) Tenemos un tipo y nos cargamos sus neuronas. Qué demonios, nos cargamos todo su encéfalo. Más tarde, le generamos otro con la misma estructura, con el mismo “módulo del yo”, con los mismos recuerdos y esas cosas. Podríamos usar, no sé, la última tecnología del año 2050 en células madre y nanotecnología molona. Como ya todo Dios imagina, la pregunta es: ¿estamos ante el mismo tipo? ¿Hasta qué punto podemos “estirar” su módulo del yo? ¿Podemos implantar un trozo de su módulo del yo en un perro?