Archivos para enero, 2013

1) Sólo en nuestro tiempo sabemos que hay un problema con la pregunta de Leibniz ¿por qué hay algo y no más bien nada? Y es que desde que conocemos la mecánica cuántica y otras virguerías y suponemos que el origen del universo fue probablemente un fenómeno cuántico complejo de narices, la preguntas por qué cosmológicas podrían no tener sentido alguno. Preguntarnos por la causa del mundo sería el equivalente a preguntarnos, como diría el buen Zamora Bonilla, si una bacteria es del Madrid o del Barça. Al fin y al cabo, hay fenómenos cuánticos acausales que simplemente ocurren, sin una razón de fondo. Por supuesto, no hay que descartar otras hipótesis como los choques de branas y ese tipo de cosas. En definitiva, con este telón de fondo, la pregunta es; ¿no habrá entonces un límite de lo que podemos conocer efectivamente en cosmología? Y si es así, ¿cómo estamos seguros de saber si estamos lejos, cerca o rozando ese límite?  ¿Alguien imagina realmente que se llegue a un punto muerto en el que los cosmólogos digan: bueno, señores, ya no hay nada más que decir?.

2) Si el universo empezó for the lulz (o sea, por un fenómeno cuántico acausal), ¿no podría acabarse mañana mismo for the lulz? Inducciones aparte.

3) Tenemos un tipo y nos cargamos sus neuronas. Qué demonios, nos cargamos todo su encéfalo. Más tarde, le generamos otro con la misma estructura, con el mismo “módulo del yo”, con los mismos recuerdos y esas cosas. Podríamos usar, no sé, la última tecnología del año 2050 en células madre y nanotecnología molona. Como ya todo Dios imagina, la pregunta es: ¿estamos ante el mismo tipo? ¿Hasta qué punto podemos “estirar” su módulo del yo? ¿Podemos implantar un trozo de su módulo del yo en un perro?

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