La metafísica de H. P. Lovecraft

Publicado: noviembre 7, 2012 en Epistemología, Metafísica, Ontología
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A veces he comentado que H. P. Lovecraft es uno de mis metafísicos favoritos. Esto es algo que requiere de cierta explicación. A fin de cuentas, ¿no fue Lovecraft un afamado escritor de relatos de terror? Ciertamente, creo que a nadie le dan miedo ya los relatos lovecraftianos de terror cósmico, aunque siempre queda algún rezagado. Mientras las generaciones que vivieron a principios del siglo XX apenas se habían empezado a asomar seriamente al firmamento, nosotros ya estamos mapeando las infinitas negruras del cielo que tanta ansiedad le producían a Pascal.  Y sin embargo, aunque tuviésemos una representación exacta del mundo probablemente no cesarían algunas preguntas propias de la naturaleza humana sobre las auténticas dimensiones de ese mundo representado.

Pero, ¿qué tendrá que ver la metafísica con la literatura de ficción? ¿No supone eso degradar la excelsa metafísica? Aquí voy a asumir, animus iocandi y parafraseando a Borges, que la metafísica es la rama más noble de la literatura de ficción o incluso de la ciencia ficción. A mi entender, esa definición da en el clavo y no necesariamente implica un juicio peyorativo contra la metafísica, sino más bien la revaloración de su importancia y dignidad como el reino de las apuestas. Porque hacer metafísica es en sentido último apostar.  Algunos apuestan a que todo tiene causas naturales o que la φύσις se reduce a la materia (sea lo que sea) y la energía. Otros apuestan a que detrás del telón de lo aparente hay alguna entidad racional. Para todos, hacer metafísica es apostar por un punto de salida, por una cosmovisión más o menos coherente de la que sea posible partir para edificar un mundo. Hay tanto metafísica positiva (hay X) como metafísica negativa (no hay X). Hay posturas metafísicas que se definen como negación de otras. Pero en cualquier caso, toda apuesta supone un riesgo: la posibilidad de que estemos fatalmente equivocados. Nuestras posturas metafísicas siempre hay que entenderlas como mitos que creamos sobre la posible naturaleza del Todo.

La cuestión que pone Lovecraft (aunque no es suya) sobre la mesa es que el Todo, la realidad, el noúmeno, la φύσις o como queramos llamar a la totalidad de lo existente podría ser incomprensible para un ser racional. Hasta el punto de que si alguien llegara a entenderla perdería inmediatamente todo atisbo de cordura, se volvería loco. La realidad podría ser como un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia que nada significa, como leemos en el Macbeth de Shakespeare. Y eso va mucho más allá de la popular idea de absurdo de Camus y otros porque el sinsentido lovecraftiano (personificado por sus fuerzas extraterrenas ancestrales y balbuceantes) supera nuestra frágil capacidad cognitiva. Si el absurdo se puede llegar a asumir e incluso Camus nos deja claro en El mito de Sísifo que se puede integrar en nuestro proyecto vital, la mera intuición del sinsentido supondría la total aniquilación de la integridad mental del sujeto.

Que la búsqueda de patrones en un posible trasfondo ontológico caótico parezca un capricho cognitivo de los animales superiores es muy compatible con el darwinismo. De hecho, podría ser profundamente antidarwinista lo contrario: creer que hay algo así como una conexión intrínseca entre la mente de nuestra especie y la auténtica realidad del mundo, si es que la hay. Por supuesto, también por comodidad podemos hacer una poda y creer que no tiene la mayor importancia si el Todo tiene un sentido o no, que sería como preguntarnos por qué el sistema solar tiene precisamente ocho planetas y no tres o siete. O que suponer un sentido a la φύσις es creer que tiene una especie de esencia y eso es imposible o no vale la pena hablar de ello. Pero la pregunta sigue ahí y me parece que ninguno de nosotros tiene la más mínima idea, ni hay horizonte a la vista de respuesta. Si es que pudiera haber respuesta, claro.

A mí me parece que el nihilismo está muy bien para escribir entradas en blogs, libros y artículos para revistas especializadas de filosofía. Incluso podríamos presentárselo a las visitas. Pero tampoco creo que sea muy sano salir con él puesto demasiado tiempo. Los nihilistas nunca viven según los principios del nihilismo, porque una sociedad nihilista es un imposible.

PD: En breve contestaré a todos los comentarios de estos últimos días, que se me han ido acumulando. En otro orden de cosas, he pensado en montar otro blog (no supone la destrucción de El demonio de Laplace) enfocado más bien a temas de filosofía en general, literatura y teoría/filosofía política. Otra opción sería hacer reformas en este e incluir todos los temas juntos, pero no sé si podría haber incompatibilidad de gustos por parte del público asiduo a este blog, que tiene la mirada puesta más bien en la epistemología y en la filosofía de la ciencia.

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comentarios
  1. Kike dice:

    Interesante, nunca habia pensado en Lovecraft como un metafisico…

    Con respecto a algo que comentas… no veo incompatibilidad entre el darwinismo y la conexion de nuestro cerebro con la realidad, ya que, sin duda algo util para la supervivencia es el ser mas aptos en identificar la realidad (aunque a veces tambien es util no identificarla)

    • Hola Kike:

      A mí me parece más bien que la evolución nos ha dotado de mecanismos de supervivencia que representan el mundo de los fenómenos “exterior”. Pero los fenómenos nos vienen dados ya a escala humana. Precisamente porque partimos del macromundo a escala antrópica nos cuesta tanto entender la microfísica, las grandes estructuras cosmológicas o inmensas dimensiones espacio-temporales, pues el coste cognitivo es superior y de hecho recurrimos a numerosas metáforas (como la “explosión” del Big Bang) o imágenes heurísticas y útiles. Como a veces suelo decir, gracias a los dioses que tenemos las matemáticas para comprender lo que no podemos siquiera imaginar.

      La cuestión es si la realidad fenoménica y la realidad que podemos inferir mediante la ciencia empírica a partir de los fenómenos es la auténtica realidad (si existe, de hecho, algo así como una “auténtica realidad”). Quizá sea imposible o prácticamente muy improbable saberlo. Como mucho, podemos hacer apuestas metafísicas. Y una de ella es que la realidad sea justamente incomprensible (o sencillamente incognoscible) y lo que llamamos “realidad” sea más bien una realidad operativa a escala humana que está infinitamente alejada de la auténtica realidad. Lo que me parece misteriosamente antidarwinista es pensar que nuestro cerebro, producto del azar y la necesidad, puede llegar a conocer el Todo, la totalidad de lo existente con sus capacidades cognitivas. Que como producto del azar y la necesidad surgiera un cerebro capaz de entender el Todo en tanto que Todo (o sea, la realidad misma como realidad impersonal, extrahumana) me parecería demasiado extraño si nos tomamos a Darwin en serio.

      Y es que como apunta Héctor Meda en el enlace que pongo en la entrada, bien podría ser que nuestras representaciones posibles de la realidad (porque eso son nuestras explicaciones científicas, mapas) sean incapaces de comprender a un Todo que pudiera no ser algorítmico o racional. A mí cada día me convence más una concepción de la ciencia más bien pragmatista o como dijo Eddington, entendida como un mundo simbólico construido sobre el mundo de la experiencia ordinaria, en el que predomina el ruido y la diversidad.

      ¡Un saludo!

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