Archivos para octubre, 2012

«Spinoza, en cambio [a diferencia de Hobbes], concibe a los individuos como representantes, desde el punto de vista humano, de la articulación del orden eterno en una jerarquía de partes y todos. Por tanto, puede aceptar las diferencias naturales (y no las convencionales) en los hombres como políticamente fundamentales. El carácter inexpugnable de estas diferencias naturales impondrá siempre una variedad de tipos y funciones entre los hombres en sociedad, y por tanto, de opiniones que no pueden ser destruidas en la unidad del poder gobernante, salvo al precio de destruir el propio orden social. Por consiguiente, Spinoza es un defensor de la democracia en que, por el bien de la filosofía (que salvaguarda los intereses de todos) debe permitirse la libertad de expresión para reflejar y satisfacer las diferencias naturales que hay en los hombres. En la medida en que la democracia es la encarnación de la enseñanza filosófica adecuada, regulará las opiniones de los hombres por medio de instituciones religiosas, sociales y políticas, pero no insistirá en una uniformidad de opinión.

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Pero, para conservar la filosofía, el filósofo debe apoyar la democracia (que es en realidad la manifestación de su enseñanza política). De otro modo, cuando la opinión es tiranizada, la filosofía queda destruida por el dogma y la superstición. A la inversa, para conservar la democracia, debe apoyar la libertad de la filosofía. Los intereses de la filosofía y de la democracia coinciden, cuando unos y otros son debidamente definidos».

Stanley Rosen, “Baruch de Spinoza”, en Historia de la filosofía política.

 «Es cierto, evidentemente, que mientras los hombres son niños y todavía no gozan del uso de la razón siguen la fe y la costumbre de aquellas personas con las que viven y especialmente de aquellas a quienes más aman. Pero, una vez adultos y capacitados para regirse por su propio arbitrio, deberían confiarse a su propio juicio y no al ajeno. Lo que entonces conviene no es tanto seguir la opinión de los demás como escrutar uno mismo la verdad».

Pedro Abelardo, Diálogo entre un filósofo, un judío y un cristiano (1141).

 «La Ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de él sin la guía de otro.  Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento! , he ahí el lema de la Ilustración».

Immanuel Kant, Respuesta a la pregunta ¿qué es la Ilustración? (1784).

Vía [PDF].

«La convicción de que el hombre era el producto necesario de las fuerzas universales de la naturaleza enseñó a Lincoln la indulgencia y la tolerancia hacia los otros, de modo que no tuvo “malevolencia hacia nadie, sino caridad con todos”; a pesar de las amargas experiencias de su vida privada y política. Pero esta actitud fatalista se fusionaba en él, como en Spinoza, con un profundo respeto por el valor natural y la dignidad del hombre, y el inalienable derecho de cada persona a ser su propio amo. El éxito de Lincoln en emancipar a los esclavos de América fue uno de los actos creativos supremos de la historia, y alteró lo que parecía ser un inevitable destino para millones de personas. En este sentido, llevó a la práctica de la vida social aquellos principios sobre los que Spinoza había fundado su Ética».

«En muchos aspectos Spinoza representa una cruda e insensible visión del universo, en la que se fuerza al individuo a confrontar su soledad con la inmensidad inimaginable del espacio vacío. La disposición a concebir la situación humana sin apelar a la consolación metafísica, pero sin tampoco desesperar, representa un nuevo tipo de valor que Spinoza llama fortitudo o fortaleza del ánimo -algo que tiempo después, Nietzsche llamó “probidad intelectual”. Si esta probidad se funda sobre los bancos de arena de su propio racionalismo, como mantuvo Jacobi y luego Strauss, esto no resuelve el problema moral y político. Por encima de todo, la fortitudo es la virtud del hombre libre, alguien que entiende el contexto causal de su situación y que usa este conocimiento para actuar decididamente y con responsabilidad. Y Spinoza recalca la cualidad interna de esta virtud: no depende del reconocimiento o de la buena opinión de otros, sino que deriva de la buena opinión que tenemos de nosotros mismos. Bien entendida, esta virtud podría llamarse autoestima: la virtud primera del nuevo individuo democrático».

Steven B. Smith. Spinoza y el libro de la vida. Libertad y Redención en la Ética.