Archivos para agosto, 2012

«Es conocida la respuesta de un personaje de Oscar Wilde a la exigencia de una “verdad pura y simple”: “La verdad raramente es pura, y nunca es simple”. Popper (“conjetura y refutación”) y Feyerabend (“todo vale”) tienen el encanto de la simplicidad, si no el de la pureza. Pero la verdad acerca de la naturaleza de la ciencia no es simple, y los científicos no son puramente racionales ni puramente no racionales. Si se quiere un slogan, helo aquí: el realismo es la verdad; el racionalismo moderado, el camino».

W. H. Newton-Smith. La racionalidad de la ciencia.

«[…] mirando con ojos de filósofo las acciones y las empresas de los hombres no veo en ellas casi ninguna que no me parezca vana e inútil […]».

René Descartes. Discurso del método.

«[…] tan pronto como se establezca algún sistema para volar [al espacio], no faltarán colonos de nuestra especie humana. ¿Quién creería antaño que la navegación por el vastísimo océano sería más tranquila y segura que por el angostísimo golfo del Adriático, por el mar Báltico o por el estrecho inglés? Supón que haya naves o velas adecuadas a los vientos celestes y habrá quienes no teman ni siquiera a esa inmensidad».

Johannes Kepler. Dissertatio cum Nuncio Sidereo.

 «La falacia naturalista tiene un reverso: la falacia antinaturalista. Algunos tienen una visión exaltada de lo que significa ser humano. Según una de estas concepciones, los seres humanos “naturales” viven de acuerdo con la naturaleza, coexistiendo pacíficamente con las plantas, los animales y entre sí. La guerra, la agresión y la competencia son consideradas manifestaciones corrompidas de esta naturaleza humana esencialmente pacífica provocadas por condiciones como el patriarcado y el capitalismo. A pesar de las pruebas en contra, la gente se sigue aferrando a tales ilusiones. […] La falacia antinaturalista tiene lugar cuando nos contemplamos a través de las lentes de la visión utópica de cómo querríamos ser».

David Buss. La evolución del deseo. Estrategias de emparejamiento humano.

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Hace unos días quería escribir algo sobre el ensayo-reseña (aquíaquí) del filósofo Massimo Pigliucci del seguramente recomendable (no lo he leído) libro Every Thing Must Gode James Ladyman y Don Ross. Este post de Cives me lo ha recordado, así que intentaré decir algo sobre la posición mantenida en este libro (el realismo estructural óntico) y, en general, sobre la metafísica actual.

La metafísica era la rama de la filosofía que pretendía dilucidar qué hay en el sentido más general posible. ¿Qué ha sido de ella? ¿Ha muerto? Creo que la metafísica (o la ontología) más sofisticada de hoy en día es la que se toma en serio la física y el corpus científico contemporáneo. De lo contrario estaríamos hablando, por decirlo suavemente, sobre lo que unas palabras dicen de otras palabras, algo de lo más interesante en literatura pero poco relevante en el ámbito del conocimiento real e intersubjetivo. Algunos filósofos analíticos han montado también sus propias metafísicas, cargadas de intuiciones y elementos a priori que recuerdan a los viejos vicios neoescolásticos del positivismo lógico. Por eso Ladyman y Ross defienden una metafísica naturalizada, esto es, que esté a la par con la ciencia (como decía Quine) y en el mismo barco.

En general, el realismo estructural está a caballo entre ciertas posturas de la familia de los realismos clásicos y la de los antirrealismos (e instrumentalismos varios). No es, por cierto, una idea absolutamente novedosa, pues ya hay posiciones parecidas en Russell, el primer Wittgenstein o incluso en Poincaré (y si nos ponemos laxos, hasta en Platón y Pitágoras). Según sus defensores, esta singularidad la dota de las ventajas de ambas, lo mejor de ambos mundos. Así se evitarían de forma elegante los eternos problemas derivados de la dicotomía y la fricción entre realismos y antirrealismos. Por un lado, se toma del realismo la idea de que las teorías científicas refieren o describen algo que efectivamente existe o que tiene dimensión ontológica y verdadera. De otro modo, el éxito predictivo de la ciencia parecería un milagro completo y sería inexplicable. Del antirrealismo, el realismo estructural tiene en cuenta (según la formulación clásica de Larry Laudan de la meta-inducción pesimista) que las teorías consideradas empíricamente verdaderas y útiles han sido sustituidas constantemente en la historia y, de hecho, sus términos o entidades teóricas no concuerdan con los de nuestras teorías actualmente aceptadas. De ahí se sigue que nuestras modernas teorías exitosas no tienen por qué ser diferentes de esas teorías desacreditadas. Conceptos como el de aproximación progresiva a la verdad o el de referencia exitosa entre los términos de las teorías (aceptadas y desacreditadas) se cuestionan fuertemente porque no serían necesarios para explicar el éxito predictivo de una teoría científica.

El punto central del realismo estructural, tal y como lo sostuvo en un principio John Worrall, es que lo que explica el éxito predictivo de la ciencia es la continuidad estructural (matemática) entre las teorías científicas y no la de sus términos concretos o su ontología: ni  las entidades o cosas a las que la teoría refiere. Las relaciones (y las ecuaciones) son lo real, no las cosas o la ontología individual que contiene una teoría. En especial, Ladyman, Ross y French sostienen la naturaleza ontológica de las estructuras matemáticas, mientras que Worrall mantiene un realismo estructural de carácter más epistémico, enfocado en las teorías, y no se mete demasiado en berenjenales ontológicos. La cuestión es que, además, las estructuras matemáticas que describe el realismo estructural óntico serían compatibles con diversas ontologías, incluso muy diferentes entre sí. Asimismo, si ya no hay cosas ni entidades individuales ontológicas, conceptos clave como el de causalidad dejan de tener sentido en física fundamental, aunque sigan siendo temporalmente operativos en otras disciplinas.

Las críticas al realismo estructural (en su vertiente epistémica u óntica) son importantes. Parece una posición metafísica demasiado centrada en la física. En lo que Ladyman y Ross llaman “ciencias especiales”, como la biología, no hay tantas estructuras matemáticas como en las ciencias físicas. Como recuerda Pugliucci, en biología evolutiva el nivel matemático es todavía -comparativamente- pequeño. También la relativa originalidad de esta postura colisiona con quizá demasiadas objeciones, incluyendo las del realismo clásico, que pone en duda los puntos antirrealistas que hace suyos el realismo estructural. Por ejemplo, conocidos autores realistas critican la meta-inducción pesimista de Laudan que formulamos arriba: consideran que los ejemplos tomados por Laudan no son propios de una ciencia madura y que las teorías actuales son metodológicamente más fuertes; se amplía el concepto de referencia;  se pone en duda la efectividad predictiva de esas presuntas teorías exitosas desechadas y demás. A su vez, hay contrarréplicas y este asunto no está zanjado para nada. De hecho, las publicaciones a favor o en contra de la meta-inducción pesimista se siguen llevando a cabo ahora mismo y es un tema muy relevante en filosofía de la ciencia.

Para terminar, ¿qué cabe destacar de todo esto? Pues que el realismo estructural aporta frescura a un debate larguísimo y a veces sencillamente estancado. Es una síntesis curiosa que hay que apoyar o refutar, según sea el caso. Pero no se puede permanecer indiferente.

Empieza una nueva sección en este blog, parcialmente inspirada en Lo mejor de la semana de Hablando de Ciencia. En lugar de noticias, por aquí colgaré citas que me hayan parecido interesantes a lo largo de una semana. Debo recalcar, eso sí, lo de interesantes: el hecho de que una cita esté expuesta en esta sección no significa que yo comparta su contenido o que esté de acuerdo (ni en desacuerdo). Las valoraciones en los comentarios. Como se suele decir por TwitterRT ≠ endorsement.

«Cambiar la vieja imagen del mundo no fue algo que se hizo con facilidad y sin rodeos. Por ejemplo, para nosotros, los fósiles son una muestra clara de la antigüedad de la Tierra. Pero eso está tan claro únicamente porque consideramos que los fósiles son restos de organismos que dejaron de existir hace mucho tiempo. Pero para un pensador neoplatónico del Renacimiento era mucho más natural pensar que los fósiles son manifestaciones de las Ideas platónicas plasmadas en el mundo de la materia inerte, del mismo modo que los organismos serían manifestaciones de dichas Ideas plasmadas en el mundo de la materia animada […] Esa interpretación no establece una relación biunívoca entre fósiles y seres vivos extinguidos, relación a la que sólo se llegó después de años de intensas deliberaciones».

Michael Ruse. La revolución darwinista (La ciencia al rojo vivo).

«Los seres organizados se distribuyen según una organización arbórea con ramificaciones irregulares […] el árbol de la vida se debería llamar quizá el coral de la vida, en donde las ramas soportes están muertas, por lo que las comunicaciones intermedias no son visibles».

Charles Darwin. Cuaderno de notas sobre las especies B.

«En efecto, biologizar al hombre hasta en sus resquicios más recónditos es el penosísimo proceso de mostrar nuestra vulnerabilidad total ante lo que se nos antoja un cosmos completamente ajeno a lo que se puede denominar nuestra problemática existencial, por mucho que se intente promocionar un “principio antrópico” o similares que nos siguen dejando donde estamos, ilusiones aparte».

Carlos Castrodeza. La darwinización del mundo.

«Ningún lector de la revista Science se conformaría con la explicación de que la razón por la que buscamos las causas que gobiernan el universo no tiene otra base que la de ayudar a los animales humanos a alimentarse y reproducirse. Más bien insistirá en que lo único que le da sentido a su perpetuación es el desarrollo de las ideas racionales y el avance de la racionalización en el entendimiento de lo que existe».

Charles S. Peirce. “Definición y función de una universidad”.

Esta entrada es una respuesta a este interesante post de La Máquina de Von Neumann. Aunque podría contestar en su caja de comentarios (y de hecho lo hice) creo que conviene fomentar el debate e incluso la polémica entre los cuatro o cinco gatos que tenemos un blog en español sobre filosofía y, en concreto, sobre filosofía de la ciencia básicamente.

Partiendo de una imagen del siempre magnífico Escher, Santiago sostiene principalmente que la realidad es un puro fluir y que los modelos matemáticos que generamos para explicarla son presa de una intrínseca rigidez geométrica. Así, la imagen científica sostenida por esos modelos y teorías jamás daría cuenta de la auténtica complejidad de las cosas, que se escaparía a la pretensión de medición y formalización como el agua del mar entre las manos. Esa tensión irresoluble es la tragedia del conocimiento humano y un reflejo de sus propios límites. Me recuerda al Nietzsche de Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, que señalaba el papel limitado de la cognición y el conocimiento humano respecto a la pluralidad inabarcable del cosmos teniendo en cuenta el darwinismo.  Santiago entiende que nuestros modelos matemáticos quieren ser isomorfos respecto a las cosas que explican. Es decir, que quieren representarlas de una manera fiel, en una correspondencia de uno-a-uno. Pero ese ideal estaría constreñido por la inmensa complejidad de lo real, que a veces no responde a regularidades ni a figuras geométricas concretas, claras y distintas.

Yo no estoy de acuerdo con la concepción de la realidad de Santiago, ni tampoco con su idea de qué es un modelo matemático explicativo. Empezamos por el segundo punto. Como se ha sugerido también en los comentarios, los modelos no buscan exactamente simular la realidad ni siquiera ser completamente isomorfos respecto a ella.  Un modelo teórico no pretende agotar la parcela de realidad en la que se basa ni tampoco ser una representación especular de ella. No es su objetivo. A mi entender, es mejor tomar el criterio de la potencia explicativa: un modelo será adecuado y eficiente cuando de él se extrae un gran número de predicciones o retrodicciones (reconstrucciones del pasado)  o simplemente un buen nivel de explicaciones. No es necesario, por tanto, que el modelo contenga en sí toda la información del fenómeno que modela o que lo simule en toda su magnitud de variables posibles. El poder de la explicación reside en su enorme (¿infinita?) potencialidad, incluso para usos prácticos inimaginables por su primer teorizador. Newton no podía haber pensado en las sondas especiales ni Maxwell en la radio o en la televisión. En ese sentido, los modelos matemáticos explicativos no es que sean simplemente “imperfectos” (no isomorfos) respecto a la realidad, es que tienen que serlo si quieren ser modelos explicativos. Desde luego, el tema de la explicación es muchísimo más complejo y es central en filosofía de la ciencia. Han corrido ya ríos de tinta sobre él desde hace muchísimo tiempo. En un post no lo vamos a abarcar ni resolver.

Por último, el tema de la realidad. Como plantea Santiago en los comentarios, en la realidad existen las suficientes semejanzas, regularidades y repeticiones como para que el conocimiento sea posible. Si la realidad fuera el Caos, con el que comienza la Teogonía de Hesíodo, sería imposible dar cuenta del mundo científicamente. No habría cosmos ni orden, ni posibilidad de leyes universales y necesarias. No habría matemáticas, el lenguaje de la ciencia según Galileo. En definitiva, no habría ciencia como tal. Sería todo muy parecido al País de las Maravillas, sin lógica posible. Por tanto, nuestro universo, en cierto sentido, es racional o computable. Yo aventuro o apuesto que esas regularidades responden a la estructura misma del universo y no son simples “presupuestos antrópicos” (elementos que ponemos nosotros en el universo para entenderlo y manejarlo, a la manera de paralelos y meridianos) sino que además tienen un trasfondo ontológico. O sea, que aunque no veamos en la realidad fenoménica figuras geométricas exactas o ideales, la geometría euclídea y la geometría de Riemann tienen un contenido de verdad ontológico. Pero esto es demasiado arriesgado. Como he comentado antes, no es más que una apuesta porque quizá no se pueda dirimir jamás empíricamente.

Adenda: Es muy popular la observación de que las matemáticas son como un corsé, una especie de camisa de fuerza de la razón. Las críticas hacia la matematización de la realidad, según algunos irreductible, tienen un fondo de incomprensión muy fuerte sobre qué son las matemáticas y qué hacen los matemáticos (y los físicos) hoy en día. Las matemáticas son mucho más. Los modelos matemáticos de la meteorología o los que nos parecen más “irracionales” o “caóticos” son también parte de nuestras matemáticas y están cada vez mejor desarrollados. La estadística y la teoría de la probabilidad también demuestran que las matemáticas contemporáneas son más sofisticadas que lo que hace entender la caricatura extendida sobre ellas.

«Si tomamos, por ejemplo, los cerebros de gemelos idénticos […]; si los cortamos en rodajas o en dados y los examinamos con todo tipo de microscopios y medidas sistemáticas, como el número de neuronas en regiones específicas del cerebro, la complejidad de los cables que se bifurcan desde esas neuronas o el número de conexiones entre las neuronas, descubriremos que todas difieren. Los genes son los mismos, pero los cerebros son diferentes».

Robert M. Sapolsky. “Un gen para nada”,  El mono enamorado y otros ensayos sobre nuestra vida animal.