Genes, ambiente y comportamiento: apuntes breves

Publicado: julio 27, 2012 en Filosofía de la biología
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Nota inicial: Éste es uno de esos post que me hubiera gustado leer hace años, cuando tenía una idea muy vaga y confusa acerca de estos temas. Después de varias lecturas hoy sé un par de cosillas adicionales, aunque no las suficientes. Pero sirven para ir tirando mucho mejor.

1) El famoso debate nature/nurture (naturaleza/crianza), en sentido fuerte, tuvo su momento álgido en los 70 y 80. Realmente fue una polémica engañosa desde el principio: unos acusaban a los otros de deterministas genéticos, otros a los demás de ambientalistas totales o defensores de la tabula rasa, pero a la hora de la verdad no había ningún auténtico espécimen que fuera tan extremo (o bien acababan reculando o moderándose por la propia dinámica del debate). Por las implicaciones extracientíficas e ideológicas de las posiciones defendidas, la polémica nature/nurture tomó incluso tintes violentos, pues afectaba a la propia concepción de eso que podríamos llamar “naturaleza humana” y todo lo que le rodea social, política e institucionalmente.  En cualquier caso, hay una aceptación general de que existe una interacción dinámica y compleja entre genética, epigenética, ambiente e incluso puro azar que conforma finalmente al organismo vivo. No es posible concebir la influencia genética aislada de todos los demás factores y viceversa. Aunque según tus genes tengas tendencia a crecer hasta medir 2 metros de altura, una pobre alimentación probablemente lo impedirá. Al fin y al cabo, como ha dicho algún autor que no recuerdo, una pierna está hecha también de “comida”.

2) Podría parecer que está muy claro qué es un gen. Pero no lo está. Hay múltiples definiciones y no es lo mismo el gen de la biología molecular que el gen de la biología evolutiva o el gen mendeliano clásico (y ahí hay más distinciones, como el gen como unidad de información relevante para la selección natural,  tal y como lo entendía G. C. Williams y fue popularizado por R. Dawkins).  A veces hay confusiones al respecto, sobre todo en el ámbito periodístico (del mal periodismo).

3) Hay un largo trecho entre un gen y un comportamiento. Aunque leamos mil veces en la prensa que se ha descubierto “el gen que determina X comportamiento” habrá que analizar realmente qué quiere decir eso. Las experiencias fallidas con el supuesto “gen gay” y el “gen de Dios” deberían ser motivos de precaución.  Así pues, hay que tener en cuenta que la interacción entre el gen (o los genes, más habitualmente) y el comportamiento es muy indirecta y opaca. Los genes que se suelen tomar en consideración generalmente codifican y sintetizan cadenas de polipéptidos (que conforman proteínas). Digo “que se suelen tomar en consideración” porque también tenemos una inmensa cantidad de ADN “basura” cuya función es desconocida,  y de genes o secuencias de ADN que hacen otras cosas (genes reguladores, enhancers, etc.). Entre las proteínas (que pueden tomar la forma de enzimas, hormonas, neurotransmisores, etc.) y el comportamiento presuntamente resultante hay (en el caso en que exista), como decimos, una relación muy compleja donde no podemos pasar por alto otro tipo de componentes no-genéticos. Esa relación a veces aparece como un porcentaje y no como una conexión necesaria del tipo “si…siempre”, propia del determinismo.

4) Así pues, no hay una relación uno-a-uno entre el genotipo y el fenotipo. Eso invalida cualquier clase de “determinismo genético” en sentido fuerte: es biológicamente imposible. El genotipo no es un plano de un edificio (nosotros) sino más bien la receta de la tarta que somos. No hay una relación directa ni determinista entre la receta (y una receta ambigua en ciertas partes) y la tarta final. Algunos efectos fenotípicos aparecen exclusivamente por activación externa o ambiental. Incluso ciertos genes pueden activarse de maneras muy distintas según el estímulo. Tanto los llamados “deterministas genéticos” (según los “ambientalistas”) como los “ambientalistas extremos” (según los “deterministas”) han reconocido esto.

5) Nuestra civilización moderna no ha impedido ni ha estancado la evolución humana, como a veces se cree. Por lo visto, el aumento de la población acelera la aparición de mutaciones (y el cambio en el acervo génico de una población, que es lo que define a la evolución). Además, la cultura acaba delimitando a los propios genes.

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comentarios
  1. […] genético” que se enfrenta a un independiente reino cultural-histórico (de lo que ya hablamos aquí). El mismo Marvin Harris, al que creo que nadie acusará de sociobiólogo biologicista, veía la […]

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