Los diversos niveles de explicación

Publicado: octubre 22, 2011 en Epistemología
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«Da la sensación de que las personas están menos preocupadas por los intentos para reducir la química a la física, que por aquellos que tratan de reducir el comportamiento humano a la biología. Éste es un punto de vista que es frecuente, en particular, en las ciencias sociales y que tiene su origen en la afirmación de Durkheim de que la conducta humana sólo puede ser explicada en términos de la conducta humana. En parte, esto parece ser el resultado del temor atávico a que, si admitimos que nuestro comportamiento tiene raíces biológicas, perdamos de alguna manera nuestra independencia, nuestra libre voluntad. Es una afirmación extraña porque pasa por alto el hecho de que la mayor parte de los fenómenos del mundo real pueden (y tienen que) ser explicados a diferentes niveles. Es cierto que las acciones humanas son el producto de los procesos de pensamiento de los seres humanos y que todos ellos se dan en términos de cultura. Pero también son el producto de cerebros y, nos guste o no, los cerebros son entidades biológicas que se rigen por principios químicos. Sea cual sea la explicación que podemos ofrecer del comportamiento humano en términos de los fenómenos sociales, puede ser armonizada con un conjunto de explicaciones al nivel de la actividad neuronal. Esto equivale justo a decir que podemos ofrecer dos tipos diferentes de explicaciones relativas a cómo funcionan los ordenadores, una en términos del software (los programas) y otra en términos del hardware (los chips de silicio y las corrientes eléctricas que circulan a través de los mecanismos del sistema).  Decir que una es mejor que la otra equivale a no entender que son dos tipos diferentes de explicación».

Robin Dunbar. El miedo a la ciencia.

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comentarios
  1. Koolasuchus dice:

    Pues tiene razón…

    Además, si no lo entiendo mal y que algún cerebrólogo me corrija si me equivoco, cuando uno va creciendo va desarrollando su propia red neuronal, es de decir el sofware influye en la construcción del hardware y viceversa al mismo tiempo. Supongo que dentro de las “posibilidades” del hardware y partiendo de un “software” simple heredado directamente de los progenitores, por supuesto sin influencia cultural en esa “base” (no sé como llamarlo):

    Aunque ahora que lo pienso también puede haber influencias de la conducta humana en esa “base”. Ya sea sin querer o queriendo. Por otra parte, esa cultura y esa conducta humana tienen que tener un origen en la evolución (¿De dónde si no habría salido?).

    Ahora que releo esto es un poco obvio pero mola pensarlo.

  2. Koolasuchus dice:

    Mmm, volviendo al título de la entrada me da que esto iba más de la cuestión epistemológica que del crecimiento de cerebros XDDD

  3. Algo interesante de este asunto, es que impone limites, porque es una visión netamente naturalista del tema. Si yo presento una explicación desde las ciencias sociales al fenómeno Z, esta debe de una u otra forma, dejar espacio para que la “reducción inter-teórica” sea posible. En el fondo, la idea es poner un limite a los niveles “superiores” (en términos de orden, pensando de abajo hacia arriba) de explicación. Vamos, el tema es que no es aceptable cualquier disparate en las ciencias sociales, bajo la excusa de que son “niveles distintos de explicación”. La teoría neoclásica,omite por completo el trasfondo psicológico de los agentes, pero es perfectamente posible entender el comportamiento de los agentes económicos, en términos de la psicología. Cosa que no pasa con el psicoanálisis, pues este no es compatible con gran parte de lo que sabemos de neurobiología en la actualidad, es decir, la reducción inter-teórica no es posible.

    (debería escribir sobre esto, es entretenido eh)

    Saludos.

  4. Koolasuchus:

    Lo que comentas es una cuestión interesante. Todavía no se sabe con exactitud qué peso tiene el componente innato y el ambiental en el desarrollo de las sinapsis cerebrales y del cerebro en general (es un debate larguísimo -el Nature versus Nurture-), y sigue siendo una cuestión científicamente abierta. El asunto, además, se vuelve más complejo cuando hay que tener en cuenta factores tan complicados como la neuroplasticidad, el potencial de acción de las neuronas, hipótesis de modularidad y demás. La dicotomía entre lo genético (el “hardware”) y lo aprendido o desarrollado (el “software”) es nebulosa y de contornos nada claros.

    Cuando dices que “la base” puede tener influencias conductuales humanas en su seno y vicerversa, no puedo sino acordarme de la psicología evolucionista que han desarrollado Cosmides, Tooby, Steven Pinker y otros. Aunque parece que tiene algunos problemas metodológicos (otros la han criticado por panadaptacionismo), podría aportar algo de luz sobre este tema. Desde luego, lo que parece es que no tenemos una teoría unificada sobre el funcionamiento integral del cerebro-mente. Hay muchos hilos y modelos de donde tirar (incluso dentro de la neurofisiología o las neurociencias) y que han dado resultados hasta ahora. Por ahora sólo podemos confiar en la interdisciplinariedad.

    Pablo Cáceres:

    Exactamente. La postura naturalista requiere que las “explicaciones de alto nivel” (sociales, políticas, etc.) guarden, para usar la expresión de E. O. Wilson, “consiliencia” con las explicaciones de las ciencias naturales. Dunbar apuesta por el reduccionismo, aunque no niega que puedan ser clarificadoras la explicaciones de alto nivel. El ejemplo más claro sería la pretensión epistemológica de explicar la Segunda Guerra Mundial en términos históricos, políticos o sociológicos, o en cambio usando conceptos etológicos y físico-químicos. Es muy probable que la primera versión pueda ser más útil explicativamente que la segunda (si la segunda fuese posible algún día).

    No obstante, tengo muchas objeciones que presentarle a Dunbar. Él apuesta a que las explicaciones en términos culturales pueden ser armonizadas con las neurocientíficas. No sé hasta qué punto eso es posible la mayoría de las veces. El problema es que en ocasiones hay contradicciones entre ambas explicaciones y tenemos que elegir entre ellas. Hay un conflicto de ese tipo entre ciertos conceptos de la psicología popular y lo que muestran las neurociencias (por mencionar un ejemplo: la polémica sobre la existencia del libre albedrío). En otras palabras, si las explicaciones de nivel más fundamental desvelan que la existencia de X es absurda, ¿debemos seguir explicando X en términos de una explicación de alto nivel “como si existiera”? Desde luego, en los modelos explicativos se recurre a la simplificación y a veces al uso de conceptos operativos abstractos que no existen como tales (como el espín o los gases ideales), ¿pero no estaríamos cayendo en un síndrome de Ptolomeo al defender la cientificidad de explicaciones prácticas pero no consilientes?

    El obstáculo lo encontramos, como dices, cuando determinadas escuelas dentro de las ciencias sociales rechazan la consiliencia y prescinden de las ciencias naturales. En ese momento las explicaciones se vuelven autorreferenciales, poco fecundas más allá del gremio. Es lo que ha acabado pasando, en un sentido extremo, con las escuelas psicoanalíticas, fenomenológicas y marxistas.

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