Analíticos y continentales: ¿una distinción absurda?

Publicado: julio 28, 2012 en Metafilosofía
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Hay dos grandes corrientes más o menos reconocidas internacionalmente en el ámbito de la filosofía, al menos a nivel sociológico. Se trata de la filosofía analítica y la filosofía continental. Según la definición convencional, la filosofía analítica está más conectada con la lógica formal, las ciencias naturales y la aversión por los grandes sistemas filosóficos “totalizadores”. Por contra, la filosofía continental se relacionaría más con las artes, la literatura y la disciplina histórica, con las Geisteswissenschaften según la clásica noción de Dilthey. El problema es que dentro de tales tendencias, en la actualidad, hay demasiados autores que no representan las supuestas directrices generales donde se enmarcan teóricamente. Así se entiende que al decir que me atrae “la filosofía analítica” en el grupo no-oficial de mi facultad se me llame la atención sobre la pertinencia o la legitimidad filosófica de la distinción analíticos/continentales.

David Cáceres ha presentado una serie de objeciones muy interesantes. Considera que estamos tratando con un criterio demarcador de la filosofía de origen anglosajón y que parte de la ignorancia de la historia del pensamiento.  Además, cree que se suele asociar la filosofía continental con la hermenéutica y eso es un gran error: la filosofía continental no se agota en la hermenéutica. La tesis principal de David es que lo importante es tener en cuenta los argumentos, no las escuelas o las corrientes, pues prestar demasiada atención a estas últimas o “enmarcarse” en ellas revelaría infantilismo y pensamiento tribal.

Amparo Romero ha recalcado que la distinción analíticos/continentales se usa operativamente, especialmente en los congresos analíticos. En ese sentido, todos los contertulios estamos de acuerdo en que este criterio tiene cierta operatividad o utilidad, aunque David matiza en que es una operatividad muy básica y simplona, sin rigor filosófico. No encuentra ningún tipo de unidad o criterio unificador entre, por ejemplo, la totalidad de los denominados “filósofos continentales”.

En primer lugar, estoy de acuerdo en que estamos hablando de un criterio difuso. Especialmente la etiqueta “filosofía continental”, donde cabe desde Lukács hasta Heidegger, pasando por Nietzsche, Hegel y Foucault. Tenemos un grupo lleno de gente muy diversa e incluso enfrentada polémicamente entre sí. Una clase heterogénea con mucho barullo y fracturas internas. ¿Sirve entonces la etiqueta para aclarar algo? En realidad, esta etiqueta la he visto empleada sobre todo desde los filósofos analíticos pero nunca desde los filósofos continentales. Un filósofo continental no se concibe como filósofo continental sino como marxista [de tal tipo], marxiano, hermeneuta, fenomenólogo y demás. No hay congresos de filosofía continental con ese nombre.

En cambio, sí hay congresos de filosofía analítica, libros sobre filosofía analítica realizados por filósofos analíticos que se enmarcan fuertemente como analíticos y demás. Creo que hay una unidad más consciente entre los analíticos aunque sea entendiendo a la filosofía analítica como un biotopo donde luego los autores se enfrentan y “devoran” filosóficamente entre sí. Que reconocer la existencia de la unidad, aunque sea como biotopo, de la filosofía analítica sea bueno, malo, legítimo o ilegítimo filosóficamente dependerá en última instancia de qué consideremos filosofía. A fin de cuentas, si nos ponemos estrictos, todas las etiquetas son convencionales en sentido fundamental. Por lo demás, sí veo que la conexión con la lógica formal y con el principio de no contradicción sigue siendo bastante más fuerte en la filosofía analítica que en el marxismo, la hermenéutica, la fenomenología en sus diversas modalidades y demás. Aquí se podría hablar mucho y buscar excepciones, pero creo que es una tónica general.

En segundo lugar, no creo que sea posible tomar los argumentos independientemente de su procedencia como aboga David Cáceres. No defiendo caer en ad hominem, sino que considero que todos los argumentos están más o menos arraigados en un marco teórico hasta el punto de que es imposible cotejar o recibir ciertos argumentos si el marco teórico en el que se insertan es incompatible con el que sostenemos o del que partimos. No  recibimos o damos argumentos desde una posición sub specie aeternitatis sino con unas ciertas coordenadas ontológicas, epistemológicas, gnoseológicas, etc. de partida. Incluso el marco teórico puede acabar determinando los argumentos, como apunta Amparo Romero. Creo que hacer un collage pintoresco o una macedonia de ideas tomando argumentos por aquí y por allá independientemente de donde provengan acabará reflejando una posición endeble en sus fundamentos básicos o en la propia estructura de esos argumentos (los argumentos no pueden ser mónadas).

En conclusión, los que estudiamos esto de la filosofía somos muy testarudos y los debates (a veces puramente semánticos) se pueden alargar hasta que al adversario le explote la cabeza y acabemos ganando. Pero parece que hemos extraído aquí una serie de consideraciones de las que es posible tirar de la madeja hasta que salga algo.

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comentarios
  1. Estimado Paulo:

    Lamento mucho no tener ánimo para debatir el asunto pormenorizadamente. Mis argumentos, muy superficiales, eran simplemente que la distinción partía de la filosofía analítica y que no existen, a mi parecer, criterios para tal demarcación. No considero que los argumentos deban ser tomados como mónadas, simplemente decía, de forma un poco frívola, que no me interesan este tipo de discusiones sino la filosofía en sí. Ciertamente, la metafilosofía es interesate, no lo niego, pero este asunto la toca sólo muy tangencialmente. Reconozco intuitivamente la existencia de un cierto aire de familia, digamos, entre algunos pensadores que se consideran analíticos y algunas corrientes que se consideran continentales. Por ejemplo, los pensadores que se dicen a sí mismos analíticos acostumbran a leerse mutuamente, vivir de una misma tradición teórica y discutir un conjunto de problemas. Pero, aún así, esto no se establece de manera muy concreta.

    Personalmente, aunque esto no es importante, durante muchos años me adscribí a una corriente y no me despertaba simpatías la otra. Con el paso del tiempo me parece una tontería perder el tiempo en esas cuestiones, reincido: me parece un tema infantil.

    Mucho más interesante, en el ámbito de la metafilosofía, es saber si la filosofía tiene algún tipo de futuro, si posee legitimidad cognitiva, si es necesaria en la vida práctica, es decir, aún más necesaria. Incluso la célebre pregunta acerca de qué sea la filosofía. Pero andar con escuelas y rivalidades es un mal asunto.

    La filosofía como disciplina está pasando, desde hace mucho, momentos difíciles. En la vida práctica de las sociedades occidentales simplemente no juega ningún papel, este tipo de cuestiones sí son inquietantes.

    Finalmente, si hacemos un esfuerzo y nos dedicamos a dividir la disciplina es cierto que, sin abarcar todo el pensamiento contemporáneo, parece poder observarse una cierta división entre las escuelas filosóficas que parten del análisis del lenguaje y otras, algunas, que tienen su pilar fundamental en las corrientes fenomenológicas. En su momento siempre me pareció que éstas últimas tenían unas mejores condiciones para crear lo que yo, personalmente, considero filosofía. Pero no por ello soy un adepto del asunto. Creo que tenemos una serie de problemas y se trata de encontrar vías, primero, para tratarlos y, luego, para aportar algo. Es ahí donde creo que las preguntas son las que dirigen el filosofar y no las escuelas. Luego, aunque no pienso que te interese mi percepción, he ido comprobando que no es tan importante la escuela, que muchas reflexiones de pensadores que parecen ser descendientes de la fenomenología y de la hermenéutica filosófica obtienen conclusiones que difícilmente podrían considerarse fenomenológicas o hermenéuticas o lo que sea. Y ahora ya me da todo igual.

    Ahora, si te parece que es un asunto morboso que posee algún interés podría defender por qué creo que algunas lineas son más productivas que otras, no con excesiva pasión, pues, en el fondo no estoy muy convencido. Existen componentes psicológicos en la elección, algunos pueden pensar que, quizá, sea mejor “arrimar” la filosofía a la literatura, otros creen a la inversa. Esto es un asunto de temples de ánimo, de concepciones del mundo. En la situación actual la filosofía quizá pueda hacer aportaciones a las ciencias naturales, pero me da la sensación que tiene mucho más que decir apegándose a las artes, a la literatura, a las situaciones más cotidianas. Siendo un campo tan amplio también es importante observar cuáles son las inquietudes que más fuertes azotan al género humano.

    Saludos.

  2. Muchas gracias por responder, David:

    En general, creo que estamos de acuerdo de fondo. Por entramado teórico yo entiendo más bien “los presupuestos ontológicos”, no tanto escuelas o corrientes, aunque en ocasiones éstas se funden en torno a determinados presupuestos e intenten confundirse con ellos o incluso monopolizarlos. Creo que no he sabido explicar muy bien los términos que he utilizado y eso puede llevar a confusiones.

    Yo creo que al final todo se reduce a una cuestión de gustos y apuestas. A mí a veces me gusta apostar por algún tipo de naturalismo, aunque probablemente sea erróneo. También tiendo a indagar en los problemas y los asuntos más filosóficos de la ciencia (en especial la biología) porque me atraen sobremanera. Eso no significa, naturalmente, que crea que mi consideración de la filosofía sea superior al resto. La filosofía es demasiado amplia y vasta y todos los intentos de encuadre han acabado muy mal. Te entiendo perfectamente cuando te quejas de lo que yo llamaría “partidismo” entre los estudiantes de filosofía e incluso de algunos filósofos. La prudencia siempre viene bien en estos casos.

  3. Pablo Cáceres dice:

    A mi me parece útil la distinción. Lo resumo en “de tendencia analítica” (que comparten una base común desde el punto de vista ontológico y epistemológico especialmente) y “el resto”, que caen bajo el paraguas conceptual de “continentales”, que en general difieren de los analíticos, justamente en los fundamentos ontológicos y/o epistemológicos de su análisis.

    Considero irrelevante que los que caen bajo la denominación de continentales, sean un grupo heterogéneo, lo importante desde el punto de vista operativo, es que te permite hacer una distinción muy útil respecto a los que siguen de manera más o menos estricta normas de razonamiento y análisis fincados en la lógica formal, y con un entendimiento de la realidad (ontología), en general, con matices, naturalista. Ambas cosas son en general, de nuevo, con matices, rechazadas por las diversas vertientes de análisis filosófico “continental” (implícitamente por lo general)

    Esa es la utilidad que tiene para mí, y es claro cuando estudias ciencias sociales. Por ejemplo, la sociología teórica en general es de corte continental en sus fundamentos, y la psicología experimental y cognitivo-conductual es claramente de corte analítica. En la práctica científica del día a día notas las diferencias en los fundamentos.

  4. Operativamente es muy útil, desde luego. El problema es que también hay analíticos relativistas o antinaturalistas. El mismo Rorty es un filósofo analítico con una postura muy cercana al relativismo y contrario a la idea de representación científica que toma como referencia a Quine, Wittgenstein, Dewey y Darwin (y también a los clásicos pragmatistas americanos como W. James y Peirce). Hilary Putnam es otro analítico que está totalmente en contra del realismo científico y demás. Hay analíticos que niegan algunos descubrimientos neurocientíficos y su importancia en la problemática mente-cerebro desde un punto de vista puramente conceptual, intuitivo o apriorístico. La cuestión, claro, es que el propio naturalismo tiene mil caras diferentes.

    Lo bueno es que el marco analítico permite una discusión dentro de unos marcos ontológicos, en el fondo, no demasiado diferentes, como tú dices. Hay diferencias, sí, pero también hay un debate intenso dentro de una esfera más o menos común. Putnam se partió la cara con Rorty, Niiniluoto o Bunge lo mismo y así. En ciencias sociales todo esto es más claro. En mi facultad la separación, a nivel de profesorado, es muy nítida. A los varios minutos de clase ya sabes de qué gran corriente es cada cual.

  5. Pablo Cáceres dice:

    Lo que mencionas es cierto. Quizás el punto con la distinción analíticos/continentales, tiene una carga histórica que hace difícil abandonar la distinción, siendo que en el camino se ha vuelto más difusa (los analíticos ya no son tan homogéneos). A ver si alguien propone una conceptualización de orden general (porque ya irse al detalle no es muy útil), que tenga el poder de reemplazar funcionalmente a la antigua separación entre analíticos y continentales.

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